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12 cosas que sólo las ‘caderonas’ entienden

12 cosas que sólo las ‘caderonas’ entienden

Para bien o para mal, tener cadera ancha nos da muchas historias para contar.

 
22/05/2017 | Autor: Mairem del Río
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Ser caderona es una bendición y una maldición, porque si bien las caderas anchas tienen muchas ventajas, también hay bastantes retos que debemos enfrentar día a día y que sólo nosotras podemos entender.

 

Más allá de los beneficios sexuales de tener caderas voluptuosas y de que, según la ciencia, somos capaces de tener hijos más inteligentes, hay algunas batallas que no podemos evitar: 

 

1. Los jeans jamás te ajustan bien. Ir a comprar pantalones de mezclilla implica horas en el probador y mucha frustración: los que se ajustan bien a la cadera quedan flojos de la cintura. Y ni de broma entramos en los que tienen la cintura de nuestra talla. 

 

 

También: 6 beneficios de tener cadera ancha

 

 

2. Cuando encuentras los jeans perfectos, los rompes. Las caderas grandes casi siempre van de la mano con unos muslos gruesos, eso hace que los pantalones se desgasten rápido de las ingles y se rompan. Tus opciones son ir a comprar jeans nuevos, remendarlos, poner un parche o terminar de romperlos y entrarle a la moda de los jeans desgastados, ¡qué comience el juego!

 

 

3. Las faldas también son un problema. Las de corte A se te ven fabulosas, pero si no tienes cuidado terminas enseñándole tus atributos a todo el mundo, mientras que las de tipo lápiz o muy ajustadas te hacen sentir como un embutido. 

 

4. Cinturón, el accesorio del mal. Cuando te pones cinturón tu cadera luce desproporcionada y pareces una linda abejita. 

 

5. Todo se acumula en la cadera, ¡todo! Si subes dos kilos, ya sabes en dónde están. Cualquier cosa que comas va directo a tu cadera: pizza, papas, ensalada, agua… ¡todo! ¿No podría ir a otro lado? Por ejemplo, a las boobs para equilibrar. 

 

6. Debes hacer cálculos antes de sentarte. Antes de posar tu maravilloso trasero en cualquier parte debes calcular con precisión matemática si cabes o no, porque si la silla es muy angosta, la mitad de tus nalgas acabará afuera, o peor, ¡podrías atorarte!

 

 

7. Pasar por lugares estrechos es misión imposible. Ves un espacio entre la pared y el carro, crees que puedes pasar y… pues no, no pasas ni de frente ni de lado. Aquí también ocupas tus clases de cálculo avanzado, como en los asientos.

 

8. “¿Me permites sentarme?”. Típico que estás cómodamente sentada y llega alguien a pedirte que le hagas espacio, como si de repente pudieras cortar la mitad de tu trasero o succionarlo para que quepa otra persona. 

 

9. La gente se sienta en tu cadera. Cuando el espacio es reducido, como en el transporte público, a veces una parte de tu cadera queda debajo de la persona de al lado. No es nada agradable, por cierto. 

 

10. Andar en bici o en moto es… interesante. Por la posición que adoptas al montarte, tus caderas se acentúan de una forma impresionante, de modo que le das a los de atrás una vista inolvidable, pero no sabes si eso te hace sentir sexy o como payasito de semáforo.

 

 

11. Puedes cerrar cualquier puerta. ¿Tienes las manos ocupadas? ¡No hay problema! No existe puerta que se resista a uno de tus caderazos. 

 

12. Eres blanco de comentarios muy ofensivos. La pero parte de tener unas caderas de envidia es escuchar comentarios sexuales, burlones o insultantes en cualquier parte, porque todo mundo siente que puede decir algo al respecto: “pareces payasito de esquina”, “¿nalgonde vamos?”, “si te caes de sentón, rebotas”, etc. Además de las miradas incómodas. De verdad, esto no está padre. 

 

A pesar de todo, las que gozamos de una cadera voluptuosa hemos aprendido a vivir con ellas, a amarlas y a sacarles el mejor partido para estar a la altura del sex symbol que somos. 

 

Vivan las curvas

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