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Revista Veintitantos

Curvas sin frenos: Sonrisa de artista

El lado oscuro de la obsesión por adelgazar

04/03/2015 | Autor:
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¿Qué serías capaz de hacer por llegar al 'peso ideal'? —¡No te creo! ¿Esta eras tú? ¿En serio?— Le pregunté casi a gritos a Helena esa tarde mientras compartíamos un helado a la hora del descanso en el trabajo, recuerdo que estaba impactada. Esa chica con mucho sobrepeso de las fotos no tenía nada, pero nada, en común con la elegante y delgada muchacha de dentadura blanquísima enfrente de mi. Y por supuesto la pregunta obligada para mi amiga fue "¿Como lo hiciste?"

Por Aydeé Treinta / [email protected]/ FBChica Plus México

Por un momento note a Helena recelosa de contarme su secreto para adelgazar tanto y no volver a recuperar el peso, pero me vio a los ojos y supo que ya no había modo de negarse a hacerlo. Me había contado ya cosas mucho más íntimas y dolorosas de su pasado: el divorcio de sus padres, las eternas peleas con su hermana mayor y como había terminado dramáticamente su última relación amorosa encontrar a tu novio haciendo el amor con otra en el hotel donde estaban de vacaciones juntos califica de traumático. Así que no había modo de que se guardara esa información y que yo la dejara tranquila, principalmente porque ella sabía lo desesperada que estaba por bajar de peso, sabia ella entonces que yo le iba a sacar esa información a costa de lo que fuera.

Me pidió que la acompañara al baño y antes de pasar, se acercó a su lugar y tomó su inseparable mochila blanca. Entramos al baño y de la mochila empezó a sacar objetos personales, su ropa del gym ella iba al gimnasio diario, incluso enferma libros, etc. Yo no veía yo nada fuera de lo normal hasta que sacó su cepillo dental, su enjuague bucal y pasta de dientes, de esas súper potentes que hasta pican la lengua; hasta eso me pareció normal de momento, porque ella cuidaba mucho su dentadura, admiraba a las modelos de dientes blancos y perfectos.

De repente, abrió la puerta de uno de los excusados y ahí, delante de mi, vomitó todo lo que acababamos de comer. Sentí unas nauseas tremendas y poco faltó para que le hiciera yo segunda. Ella se dio cuenta y me dijo con cierta burla "¿A poco creías que las flacas están así porque si?" Y siguió su discurso 'motivaciones' mientras yo la veía limpiarse la boca y la frente con papel sanitario. Su voz era fuerte, se oía enojada y lo que me dijo jamás lo olvidaré: "Esto de ser flaca no es para cualquiera mi querida Aydeé. Ser delgada implica muchos sacrificios, y una tiene que valerse de trucos. Hay desde las que nunca consumen azúcares, las que evitan todas las grasas, las que fuman como locas para matar los antojos y las que, como yo, evitamos las calorías innecesarias. Yo vomito todas mis comidas, el desayuno es mi comida fuerte y la cena me la salto o sólo ceno cosas light, siempre que 'peco' lo sacó de mi cuerpo, y ya. Y si hago ejercicio es sólo por si alguna de esas calorías de la comida no se fue por la taza del baño. Así que ya lo sabes, y ahora depende de ti, ¡y quita esa cara de espantada! Te juro que es de lo más común, en mi antigua escuela las chicas hasta iban a vomitar juntas para agarrarse el pelo."

Después de decirme todo eso, se miro al espejo, se limpio el maquillaje corrido y se lavo los dientes con una furia y fuerza que parecía que se los quería tirar. Salí del baño con un nudo en la garganta, me fui a mi casa después del trabajo y mientras iba en el Metro me sentía la tonta más tonta del universo ¡Estaba gorda porque comía mucho y todo se quedaba ahí, en mi cuerpo! Y con esa idea en la mente, llegue a mi casa y le pregunté a mi mamá que había de cenar, la respuesta me puso muy contenta de momento: era uno de mis platillos favoritos. Pero después me dio tristeza pensar que esa delicia en mi cuerpo se transformaría en más grasa…

Decidí hacerle caso a Helena y tontamente probé eso de vomitar la cena, porque en mi caso la cena era el problema. Llegaba casi diario hambrienta, después de ir a trabajar y a la escuela, me comía todo lo que me pusieran enfrente y hasta lo que no. Así que cené, vi la tv, platiqué con la familia y, pretextando tarea, me retiré a mi recámara que estaba en la parte de arriba, donde también estaba el baño y lo hice, me provoqué el vómito y fue lo más horrible y molesto del mundo.

Me vi al espejo y vi mi cara pálida y sudorosa, los ojos con manchas negras debajo por el rímel que se me corrió y vi una tristeza inmensa en mis ojos, muy parecida a la que tristeza que le había visto a mi amiga horas antes. Identificaba esa tristeza porque se la veía a Helena en los ojos tan seguido, aunque yo creía que era sólo por ese galán que la engañó. Y me dio mucha más tristeza porque en ese momento supe que mi amiga no iba a acabar bien; si yo, que con una vez que me había provocado el vómito sentía que me moría del asco, me dolía el estómago, me ardía la garganta y me sentía anímicamente fatal, definitivamente ella, que lo hacía a diario debía sentirse horrible.

Después de vomitar me sentí vacía, sola, más tonta aún de lo que me había sentido en el Metro, porque por querer impresionar a la gente estaba casi dispuesta a entrara ese oscuro mundo de la anorexia, la cual, junto con la bulimia, han matado a miles de chicas en todo el mundo; sin discriminar estatus social, edad o nacionalidad. ¿Por qué algunas mujeres están dispuestas incluso a morir por adelgazar? Muchas saben o sabemos que estas enfermedades te pueden matar y aun así inician. ¿Por qué nos hacemos tanto daño física y mentalmente con tal de encajar en los estándares de belleza de una sociedad que cuando te ves fabulosa te alaba, pero cuando te enfermas te desprecia?

La gente no se tienta el corazón para decirte que luces mal, enferma, decaída o triste. Y tal vez por eso cuando sus seres queridos o amigos les dicen a esas chicas que vomitan que están marchitándose, que la piel se les ve rara o los dientes feos, ellas no entienden, se enojan y les dejan de hablar. Helena me dejo de hablar cuando le conté lo que investigué, se molestó, me dijo que yo seguiría por siempre gorda. Días después pidió su cambio a otra sucursal. No había vuelto a saber de ella hasta hace poco que un amigo en común que supo de su problema me dijo que la encontró en el dentista, porque siendo aún joven Helena ya usa dentadura postiza completa, no me atreví a preguntar si está flaca, sólo pregunté si se veía contenta y mi amigo me dijo que ella
hizo la broma de que por fin tenía dientes perfectos 'de artista'.

Mi amigo me dijo también que yo que podía hacerlo escribiera y contara esta historia, porque es un problema real que la gente cree que le pasa sólo a las famosas, sin pensar que quizá chicas muy muy cercanas a nosotros lo padecen. Bajar de peso debe ser una meta, no una obsesión. ¡Cuídense mucho hermosas!

Vivan las curvas