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Revista Veintitantos

Curvas sin frenos: Mar de papel

Encontrar el traje de baño perfecto puede ser la gran diferencia

11/03/2015 | Autor:
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Tenía delante de mí al hombre más hermoso que había visto en años y estaba a punto de emprender con él la aventura más impactantante de mi vida, pero en vez de disfrutar el momento en lo único que podía pensar era en que ojalá ese tonto traje de baño me cubriera bien las carnes, y en el terror de quitarme el pareo delante de él...

Por Aydeé Treinta / [email protected]/ FBChica Plus México

Para distraer a mi mente fatalista que se imaginaba los peores escenarios que se me saliera una bubi en el agua, que me diera un calambre, que el hermoso instructor no pudiera disimular su horror al verme casi en pelotas le hice platica: "¿Qué se siente al estar buceando tan profundo? ¿No te da miedo?", pregunté ansiosa. "¡Para nada! Se siente increíble, pura paz" Me respondió Aleph mientras yo veía lo más discretamente posible como caían de su cabello, pequeñas gotas de mar que se deslizaban por su rostro atractivo y varonil, bajaban por su pecho, el cual se adivinaba firme y musculosos debajo del traje de neopreno, y que me ponía nerviosa. Las gotas suertudas también resbalaban por sus brazos desnudos, bronceados por el sol de la costa, musculosos, torneados por tantas brazadas en las olas del mar, y que en definitiva eran el motivo por el cual esas gringas resbalosas que estaban en la mesa del rincón del restaurante no dejaban de lanzar miraditas y sonrisitas a mi instructor, él respondía con una sonrisa franca y divertida, limpia y blanca, como la espuma del mar.

Sí, era imposible apartar la vista de esos musculosos brazos decorados con tatuajes de motivos marinos, así que para no verme tan obvia como las gringas trataba de distraerme clavando la mirada hacia el horizonte, ver el vaivén de las olas me relajaba y disipaba mis nervios. Aleph me explicó como iba a ser el descenso y me dijo que no se apartaría de mi lado y que una vez que estuviéramos abajo se me iba a olvidar todo el miedo, que él se encargaría de tomar fotos y que iba a ser una de las mejores experiencias de mi vida… Su voz me calmaba igual que el vaivén de las olas que se oía a lo lejos.

De repente, me vio divertido y exclamó "¡Mujer! Pareces fantasma en verdad ¿Nunca te asoleas? Vamos a caminar a la playa, el sol a esta hora está menos fuerte, y la vista es genial desde la playa de tu hotel, vamos, anda", me dijo mientras me tomaba de la mano para que me levantara de la silla ante la mirada envidiosa de todas las féminas del lugar; en contra de mi timidez de siempre, no solté su mano y salimos juntos, riendo y comentando felices lo genial que iba a ser bucear en ese mar tan azul.

Yo no conocía el mar, por increíble que parezca siendo hija de un aventurero incansable, nunca quise ir, porque la idea de que tanta gente me viera en traje de baño me daba horror, el agua brava del mar no es lo mismo que la mansa de la alberca, además, en una alberca siempre puedes quedarte por hoooras, y salir hasta que todos se van… eso era lo que yo hacía. Cuando era pequeña y mi madre me llevaba a las clases de natación, para evitarme lo que yo llamaba 'el paseo de la vergüenza', era siempre la primera en llegar y meterse a la alberca, y también siempre era la última en salir. Prefería salir hecha una ciruela pasa de tan arrugada y morada de frío que permitir que las pinches chamacas burlonas del carril de avanzadas vieran mis muslos moverse y chocar como gelatinas, eso ¡jamás! Pensaba yo, y lo hice todos los años que fui a natación.

El asunto de ir a la playa a nadar jamás estuvo a discusión, mis padres sabían perfecto lo que opinaba al respecto, y nunca insistieron en que fuéramos al mar. Pero ahora mi realidad era que estaba yo ahí, a escasos 6 metros del mar, con tan solo una ligera tela que cubría mi cuerpo enfundado en ese traje de baño negro obviamente talla XXL que busqué sin cesar por lo menos en 60 tiendas. A menos de 6 centímetros de distancia de un hombre físicamente perfecto, pero que seguramente como muchas de las personas que se saben físicamente perfectas en cuanto me viera sin el pareo pondría cara de horror o de compasión, según fuera de educado, y que mientras caminábamos me decía que nunca había conocido a una chica que lo hiciera reír tanto ¿Sería igual de amable conmigo si
yo no le estuviera pagando las clases de buceo? Pensé algo molesta, y decidí salir de la duda de una vez, le pregunté si podíamos regresar al hotel, porque el calor estaba tremendo y me quería meter a la alberca, el accedió y regresamos.

En la alberca casi no había nadie, solo una parejita que se hacía arrumacos sospechosos en una esquina, y que no disimularon su molestia cuando Aleph se aventó un clavado desde la orilla salpicando todo; asomó la cabeza y me dijo "¡Andale metete ya mujer!” Y pues ni hablar, me quité el pareo y me metí a la piscina con la mayor gracia posible, para que mis muslos gelatinosos y mi panza no temblaran tanto; ya en el agua me sentí mejor, ya estaba 'cubierta' de nuevo.

Aleph se acercó y en sus ojos solo vi una gran alegría, se veía contento, y me dijo con ese acento costeño que hasta la fecha no sale de mi cabeza "Me hubiera gustado que debajo de ese pareo no hubiera nada... pero ni modo, otro día será” Decidí dejar de perder el tiempo y conocer mejor a mi guapo instructor. Por la madrugada, mientras él dormía en mi cama, no pude evitar desear que ojalá la
máquina del tiempo existiera, para poder regresar y decirle a esa niña que se conformaba con ver el mar de papel en las revistas que definitivamente no valía la pena preocuparse por lo que los demás piensen cuando te ven en traje de baño, lo que realmente importa es que tú te sientas bien porque eso hace que una se olvide de complejos y se divierta mucho más de de lo que pensó.

El traje de baño perfecto es el que te hace sentir bonita, sea de una pieza , de dos o short y playera, lo que importa es que la mujer que lo usa se sienta bien, nada más.

Mis tips
Pruébate el traje sin brasier.

Usa un calzón que no te apriete para que veas el soporte.

Nada de tirantes delgaditos, a menos que quieras salir en YouTube con las 'lolas' de fuera.

Usa trajes de colores ¡atrévete-te!

Aplica el bloqueador media hora antes mínimo.

Enjuaga tu traje después de usarlo. Para no arruinar la tela de tu tesoro usa jabón neutro.

Lleva tus accesorios fashion de plástico, sandalias cómodas, poquito maquillaje a prueba de agua y mucha ACTITUD :

Vivan las curvas