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Revista Veintitantos

Curvas sin frenos: La secre sexy

Discriminación laboral por tu físico

28/01/2015 | Autor:
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Mi primer trabajo fue en un puesto de helados los sábados, yo feliz porque era el trabajo perfecto: platicaba con muuchos chicos guapos, ganaba dinero y comía el helado que quería. Lástima que mi entrada al mundo laboral adulto no fue tan afortunada...

Por Aydeé Treinta / [email protected]/ FBChica Plus México

Años después, ya siendo mayor de edad y como a todos los jóvenes, no había dinero que me alcanzara: discos, libros, paseos, cine, y así; mis pobres padres de plano me dijeron que o le bajaba o me fuera a trabajar medio tiempo. Fue cuando mi amiga me dijo de esa gran fábrica cerca de mi casa donde pedían una asistente bilingüe de oficina. Elaboré mi Currículum, que a esa edad más bien es 'Ridículum' y me presenté a la cita mega nerviosa. Me hicieron el examen de inglés, otras pruebas y todo en orden. Al final me pasaron a una oficina donde una señora, que perfectamente podría haber sido la hermana de Cruella de Vil sentada detrás de un enorme escritorio, me revisó de arriba abajo y me dijo con profundo desdén "¿Quién te dijo que tú podías ser una secretaría o una asistente? ¿Qué no te has visto en el espejo? ¿Por qué nos haces perder el tiempo de ese modo? Una secretaría es una mujer elegante, guapa y principalmente delgada que hace el trabajo no sólo de escribir o archivar papeles, es la imagen de la empresa y tú ni de broma podrías hacer un papel digno. Si fueras la secretaria de plano me daría pena. Lo siento mucho pero no me sirves, no tienes la presencia necesaria, no tienes la imagen, lamentamos haberte hecho perder tu tiempo también, ni siquiera hay uniformes de tu talla, buenas tardes".

Cerró la puerta detrás de mí dejándome allí confundida y con la cara roja de vergüenza, nunca jamás nadie me había tratado de ese modo y sus palabras retumbaban en mi cabeza "No tienes la presentación necesaria". Salí y esperé afuera en la calle a que salieran las trabajadoras de ese lugar, tenía que ver como eran esas mujeres. Y si, cuando empezaron a salir las empleadas parecía que todas habían sido clonadas, todas usando ropa entallada, tacones, mucho maquillaje, chongos altos y sofisticados; todas lucían impecables trajes azul marino y todas eran delgadas.

Fui con la amiga que me había hablado de ese empleo y se sorprendió de que me hubieran rechazado, "Pero si hablas inglés, sabes usar la compu, tienes facilidad de palabra y…” La interrumpí, le dije: "Si sé todo eso, pero de nada me sirve si no soy talla 30”. De verdad estaba indignada, en primera porque jamás imaginé que alguien pudiera ser tan grosero y despectivo, y eso que yo ya estaba acostumbrada a los comentarios mordaces. En segunda, me indignaba mucho que no me consideraran ni siquiera capaz de hacer un papel digno sólo por tener unos kilos de más.

Esa noche y muchas otras no dormí, me imaginé desempleada por siempre y pidiendo limosna o vendiendo mi amor cual aventurera. Ahí se me prendió el foco: los empleadores quieren proyectar una imagen determinada de su empresa, para enamorar a otros clientes, y si por lo menos de entrada lograba que me vieran con otros ojos, si lograba convencerlos de que era profesional y atractiva encontraría trabajo, y ya adentro podría demostrar que si era capaz.

Al otro día revisé absolutamente todo lo que tenía en mi ropero y descarté todas la prendas que me hacían lucir con más volumen, más aseñorada o que no hicieran lucir los puntos positivos que según yo tenía: boobs, cabello, cara y ojos. Después de horas de revisar, logré rescatar ¡sólo 6 prendas y un par de zapatos! Estaba horrorizada y con todo el dolor de mi corazón tuve que aceptar que mi guardarropa si dejaba mucho que desear, que yo no me vestía, sólo me tapaba y me prometí que mi primer sueldo lo invertiría en prendas básicas para la oficina.

Me había obsesionado con conseguir trabajo de recepcionista o de secretaria, y probarme que eso de que yo no podía dar una buena imagen era una absoluta mentira. Días después fui a otra entrevista a una empresa donde necesitaban una recepcionista y cuando llegué sentí las miradas de curiosidad y de sorpresa, porque además de que era la única candidata 'gordita', era la única que iba vestida como si fuera a ligar y no a una entrevista de empleo: llevaba puesta una falda negra larga, pero con una gran abertura a un lado para enseñar la pierna cuando me sentara, medias opacas negras, los únicos zapatos serios que tenía, unos botines negros de tacón alto, blusa blanca escotada, aretes, anillos plateados y un suéter negro pegado que no me hacía lucir tan gordis pero que dejaba ver que tenía buen frente.

Pasé a la entrevista y no me hicieron tantas preguntas, el gerente me preguntó si tenia novio, le dije que no; me preguntó que talla era, le dije, y tomó unas notas; me dijo que mi uniforme tardaría unos días porque sólo lo tenían hasta la talla 34, pero que podía llevar mientras mi ropa de calle y que empezaba al otro día ¡Salí dando brincos de gusto porque ya tenía trabajo! En ese empleo duré exactamente 3 meses porque me trataban como tonta y porque el acoso del gerente fue feroz. Ahí comprendí que definitivamente eso de que te contraten sólo por como te ves no es tan bonito como parece y que ninguna empresa tiene derecho a tratarte como un pedazo de carne. Además me di cuenta que había sido muy afortunada por no haberme quedado en la primera empresa porque eso me había hecho corregir un área donde estaba mal: me vestía con cosas que me hacían lucir con sobrepeso. En cuanto a la segunda empresa, me dio gusto que había logrado quitarme esa idea de la cabeza de que que jamás iba a conseguir empleo.

Seguí buscando y mi siguiente empleo lo conseguí en la empresa de un señor ya mayor que sólo quería alguien que le contestara el teléfono, le sirviera el café y recibiera su correo; me hacía muy feliz todos los días que llegaba y me decía "¿Cómo está mi sexy y eficiente secretaria?” Yo, chamaca al fin, me ponía roja como tomate y le decía que ya cuando acabara la escuela y me metiera al gym y bajara de peso ¡entonces sí que sería guapa! Me dijo una de las cosas más bonitas que he oído decir a un hombre sobre las mujeres "Si las mujeres supieran lo sexy que es que sean seguras, que estén contentas, que tengan platica y sonrían, no comerían tanta lechuga, ni gastarían tanto en ropa, no es necesario, el cuerpo atrae, pero la inteligencia enamora”.

Estuve muy contenta trabajando con ese señor hasta que se fue a un lugar mejor… vendió su empresa y se fue a su casa de Houston, le gustaba allá porque las mujeres, decía, "son voluptuosas, grandotas y guapas”. Yo adoraba oírlo hablar así, me daba esperanzas sobre mi futuro.

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