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Revista Veintitantos

Curvas sin frenos: La muñeca

Cuando los hombres están obsesionados con tu peso

07/01/2015 | Autor:
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"¡Quiero una muñeca bonita! ¡De cabello largo y cintura chiquita! ¡Anda! Dime que si me la regalarás ¿Siiiiii? ¡Por favor!" Y yo ante tanta emoción no pude más que decir en un tono de voz apenas audible, Ssin saber en lo que estaba a punto de meterme: "Está bien”.

Por Aydeé Treinta / [email protected]/ FBChica Plus México

Quien me pedía que le regalara una muñeca con tanto fervor no era mi sobrinita en la juguetería de esa tienda departamental en la que hacía las compras navideñas hace algunos años, era mi galán de aquel entonces, un morenazo guapísimo que me traía loca y por el cual, en aquel entonces, yo hacía lo que fuera con tal de pasar tiempo a su lado y quedar bien con él; porque en aquel entonces yo creía que era la mujer más afortunada de la tierra por tener un novio que me 'quería' tanto.

Era cariñoso a su modo, detallista y pasábamos horas platicando en mi casa o en la suya, nada más ahí, porque cuando salíamos a la calle siempre estaba distraído y trataba de que fuéramos a lugares donde no nos encontráramos a gente conocida. En el trabajo, porque trabajabamos juntos, aunque todos sabían que éramos pareja, me tenía absolutamente prohibidas las muestras de afecto. Al principio pensaba que era por profesionalismo y me parecía bien, pero después noté que incluso en situaciones informales con amigos, no me daba besos o no me abrazaba delante de los demás.

Me dolió mucho darme cuenta que a mi 'maravilloso' galán le daba pena que lo vieran conmigo, así que lo confronté y oh sorpresa… me salió con su 'deseo', que quería muñeca perfecta y recuerdo muy bien sus palabras: "Es que te lo juro, eres mi mujer ideal en serio. Eres divertida, me encanta tu platica etc., etc., etc. pero no me gusta que estés así. Baja de peso por mi, y seremos muy felices”. Y yo ahí, con mi sobrina de testigo y rodeados irónicamente de cientos de cajas de Barbies fashionistas en minifalda.

Acepté, como lo dije antes, sin saber en lo que me metía. Al día siguiente fuimos al súper y compró literal de todas las verduras, leche light, atún, galletas habaneras light, todo light ¡TODO! Hasta el agua era light creo… Y luego fuimos al gym a la vuelta de la oficina y nos inscribimos. Mis amigas me decían que era yo muy 'afortunada' por tener a un galán "tan preocupado por mi”. Lo que ellas no sabían es que si yo me atrevía a tan siquiera a comer algo que no estuviera autorizado por él o a faltar al gimnasio un día, aunque fuera por trabajo o por enfermedad, mi novio-entrenador-nutriologo-amante se ponía FURIOSO y me dejaba de hablar, o se ponía a gritonearme en la calle mientras esperábamos el transporte si notaba que no había hecho la rutina 'con ganas'.

Yo tontamente lo que hace el sexo o el amor no decía nada, sólo lo escuchaba o trataba de explicarle que había pasado. Y si baje de peso, muchísimo, pero mi vida era absolutamente miserable. Odiaba que se pusiera tan loco con ese asunto de mi físico. Así estuvimos un tiempo hasta que llegó la gota que derramó el vaso, mi novio-trainer-machoman empezó a portarse grosero con mis amigos y mi familia; y pobre de quien se atreviera a ofrecerme algún alimento de los que no estaban aprobados por él. Mis amigos ponían los ojos en blanco cuando oían sus comentarios "No le des de comer/beber eso. ¿Qué no la ves que está bien gorda?", "Aydeé está a dieta estricta, tiene totalmente prohibido comer cosas que la engorden más”, "¡Está muy obesa y no quiero que este así! Ella tiene que ser una muñeca para fin de año!”

Yo me moría de pena ante sus 'lindos' comentarios y cuando me cayó el veinte fue cuando uno de mis amigos me dijo: "Alguien tiene traumas y no eres tú”. Y si, tuve que aceptar con todo el dolor de mi corazón que ese hermosos muchacho tenía muchas arañas en la cabeza y que la onda no era conmigo, sino con él mismo, le importaba demasiado lo que la gente opinara de él y le traumaba mucho el hecho de que la gente lo viera raro o feo por andar con una chava no tan flaca como él quería que fuera su pareja. Me armé de valor y terminé con esa relación. Lloramos mucho ambos y estoy segura que él hasta la fecha no entiende el porque de mi decisión, yo hace mucho tiempo que lo perdoné.

Ahora que acaba de pasar el Día de Reyes, espero que le hayan traído esa 'muñeca' que siempre quiso. Y si, yo sigo siendo curvy, y ahora se que ese galán muy en el fondo no quería nada malo para mi; sigo pensando que terminar con él fue lo mejor, y que si debo hacer ejercicio o ponerme a dieta debe ser porque YO lo quiero, no porque alguien me obligue a cambiar para ser 'su mujer perfecta' o peor aún 'Su muñeca perfecta-fashionista'.

Vivan las curvas