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Revista Veintitantos

Curvas sin frenos: La chica piñata

¿Qué es lo que nos hace engordar mucho en las fiestas Navideñas?

17/12/2014 | Autor:
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"Échale más a mi plato", decía mi prima la flaca cuando nos servían el spaguetti a los más chicos en la cena de Navidad; la veía entre horrorizada y admirada, ella comía de todo y sin remordimiento alguno, mientras que yo, parecía que, engordaba con sólo mirar el pavo. Sentía que sobre mí pesaba una maldición navideña y aunque yo era una niña pequeña ya estaba consciente de que era diferente... no podía comer como mis demás primos sin parar.

Por Aydeé Treinta / [email protected]/ FBChica Plus México

En las cenas navideñas yo rechazaba el pastel y todas las delicias que las tías y mi madre cocinaban, ni siquiera me daban ganas de terminar de cenar… aunque después, ya que todos se iban a acostar iba y me servía de TODO porque, como era de esperarse, me estaba muriendo de hambre. En realidad creo que lo que quería era evitar que todos juzgaran las cantidades que me llevaba a la boca, ya que en mi familia en esa época todos eran delgados 'eran'…jejejje, todos menos yo, obviamente la atención estaba puesta en mi, me di cuenta de eso y mejor me hacía la loca y ya después cenaba a mis anchas.

Muchas Navidades y fiestas de Año Nuevo repetí esa rutina con desastrosas consecuencias para mi, obviamente esos mega atracones nocturnos decembrinos en enero se veían reflejados en la báscula, y además, a eso se sumaba el sedentario y mi flojerota, porque como yo era muy buena estudiante y me tomaba muy en serio eso de descansar en vacaciones, y no me paraba de la cama o del sillón y me aventaba maratones eternos de películas por supuesto navideñas.

Y así fue como a lo largo de los años cada diciembre me echaba, de menos, 4 kilos encima y mis padres hacían tremendos berrinches cada enero porque me tenían que comprar ropa nueva, cosa que hubiera sido fenomenal si no hubiera sido cada vez más difícil encontrar ropa para mi. Del mismo modo como los kilos se me fueron acumulando, se me acumuló la frustración y el enojo. Desgraciadamente éste salió del modo menos adecuado en una de las posadas de la escuela una fría noche; nos citaron para la típica posada, el intercambio y, por supuesto, a romper la piñata. Yo llevaba una chamarra de colores y uno de mis compañeros de escuela tuvo la malévola idea de decir que yo me veía igualita a la piñata de colores que colgaba del lazo, todos se rieron y me miraban divertidos diciendo que efectivamente la piñata y yo lucíamos igual de redondas y coloridas, la 'chica piñata' me llamaron.

Cuando la maestra preguntó quien quería pasar a pegarle primero me ofrecí de inmediato porque una maligna idea ya estaba en mi pequeña cabecita, me pusieron la venda, me las ingenie para que me quedara floja y pudiera ver aunque sea un poquito. Después de las tradicionales vueltas tire el primer garrotazo, el cual por supuesto cayó en la cabeza dura de mi 'gracioso' compañero que dijo que yo me veía como piñata y se armó un relajo. El niño fue a dar al hospital y a mi me mandaron castigada a mi casa de vacaciones antes de tiempo porque fue mega obvio que el garrotazo no fue accidental.

Ya en mi casa, tuve que analizar que en definitiva no iba a poder ir por la vida dándole de garrotazos a la gente todo el tiempo, y que si era yo muy parecida a la piñata, pero no por fuera, por dentro, porque tenía acumulados años de mucha frustración que había sacado de no muy buen modo. Al otro día visite a mi compañero de escuela y me remordio más la conciencia al verlo con tremendo chichón, pero le quedó claro el mensaje de que yo no me iba a dejar poner apodos. Para hacer las pases él se ofreció a salir a jugar basquet en las vacaciones conmigo.

Ese diciembre comí lo que se me dio la gana y no subí tanto de peso porque obvio al no estar todo el tiempo encerrada y acostada quemé todas esas calorías. Además gané un buen cuate que hasta la fecha conservo, aprendí una valiosa lección: debía tomar con más sabiduría, el hecho de que todo mundo sube de peso en diciembre y que lo único que nos queda es cuidarnos y tomar decisiones sensatas acerca de lo que nos llevamos a la boca. Esa reflexión fue uno de los mejores regalo navideños que he recibido en mucho tiempo :

Vivan las curvas