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Lidiar con la muerte de un familia

Cómo ayudar a un amigo en duelo por la muerte de su padre o madre

 No eres la única que no sabe qué hacer en esos casos

 
12/05/2020 | Autor: Mairem Del Río
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Los veintitantos son una etapa de cambios y momentos emocionantes, como graduaciones, bodas, mudanzas, hijos y más. Sin embargo, también es cuando empezamos a ser testigos de uno de los momentos más dolorosos en la vida de nuestros amigos: el duelo por la muerte de alguno de sus padres.

Si aún no has atravesado por esa amarga experiencia, es normal que no sepas muy bien qué hacer y te apegues estrictamente a las convenciones: darle el pésame, llevar comida, enviar flores o tarjetas, rezar, acompañarlo en el funeral y decirle “si necesitas algo, estoy aquí”. Pero puedes hacer mucho más.

Desde que tu amigo cae en cuenta de que no volverá a ver jamás a una de las personas que más ama en el mundo, lo invade una ola de sentimientos confusos: dolor, frustración, miedo, ira, impotencia y otros que, a menudo, no se pueden definir. 

En ese momento tu amigo se siente perdido y por más que le preguntes “¿qué necesitas?”, no sabrá qué responder, porque la respuesta es un abrazo de su mamá o papá, y eso es imposible.

 

 

 

No puedes hacer nada para aliviar su dolor y el duelo por que el que tiene que atravesar, pero sí puede estar ahí para apoyarlo y consolarlo. 

Checa estas formas de ayudarle a sobrellevar la dura experiencia: 

1. Haz algo, lo que sea

En las horas posteriores a la pérdida de un padre, no puedes pensar en nada, ¡en nada! Miles de ideas pasan por tu cabeza, y cuando éstas se van por un momento te invade el dolor. Incluso cuesta trabajo estar de pie o hablar. Si eres una buena amiga, no le preguntes qué necesita, sólo has algo: ayúdalo a elegir su ropa para el funeral, acompáñalo a hacer trámites o atiende a los asistentes al velorio.  

Ten claro que tu amigo seguirá necesitando ayuda en los días o semanas posteriores, ya que no tendrá ánimo para hacer nada. Apóyalo con las tareas domésticas, lava los trastes y la ropa, cuida a sus hijos o empaca su maleta por si tiene que viajar otra cuidad. Conviértete en esa persona que llega y dice: “No te preocupes por esto, yo me encargo”.

2. No mandes flores

Sabemos que las reglas de etiqueta indican mandar un arreglo florar con una cinta dando el pésame. Aunque es un lindo gesto para decir “tu padre/madre fue importante para mí y lamento su partida”, en realidad no es la mejor idea. 

Esos hermosos arreglos terminan enterrados, marchitándose lentamente o, si se los lleva la familia, sólo sirven como recordatorio del vacío que dejó esa persona. También considera lo triste que es ver cómo las flores mueren y hay que tirarlas, es como vivir un segundo duelo. 

Lo mejor es darle ese dinero a la familia (porque lo van a necesitar) o donarlo a alguna causa que el difunto apoyara.

 

 

 

3. Aliméntalo, pero no de inmediato

En México y Latinoamérica es común llevar comida para cualquier evento importante y eso incluye los funerales. Claro que los dolientes necesitan comer ese día, pero también lo necesitarán la siguiente semana, cuando se calmen y asimilen lo que pasó, cuando el dolor se vuelve más real y aún no tienen cabeza para cocinar u ordenar comida. 

Recuérdale constantemente que debe comer (a veces hasta eso se olvida), llévale un guisado con una nota que diga: “Necesitas fuerzas para hoy”. Sé la amiga que se aparece de la nada con una pizza, tres semanas después, cuando ya todos volvieron a sus asuntos.

4. Apóyalo para que retome su vida

Si quieres ayudar de verdad a tu amigo debes saber cómo consolarlo a él en particular: qué le gusta, qué puede animarlo o cómo ayudarlo a regresar a su cotidianeidad poco a poco. 

Si le gusta correr motívalo a retomar el hábito después de un par de semanas, ve por él cada mañana o apúntense a un maratón. Llévalo de viaje, jueguen videojuegos, cocinen, vean películas, lo que sea que pueda distraerlo por un momento. 

Debes ubicar qué es lo más importante para tu amigo y llevárselo de regreso. Déjale claro que tiene derecho a disfrutar su vida de nuevo y a retomar su camino sin sentirse culpable.

 

 

 

 

5. Escucha sin juzgar

Todas juramos que somos esa amiga, pero en realidad estar al lado de alguien que atraviesa un duelo es muy agotador. Quejas, recuerdos, nostalgia, anécdotas, muchas lágrimas, confusión…todo brota como una  cascada y tu amigo necesita que estés ahí para escuchar. 

Llamadas a media noche porque algo le recordó a su papá o mamá, crisis nerviosas cuando tiene que realizar un trámite porque el difunto no dejó sus asuntos en orden, explosiones de ira cuando alguien ríe (porque ¿cómo alguien puede estar feliz si mi padre acaba de morir?). Déjalo gritar, llorar, maldecir y contarte mil veces la misma anécdota.

Tampoco lo juzgues si regresa a trabajar muy pronto, hace chistes en pleno funeral o sale de fiesta tres días después: cada quien procesa el dolor de forma distinta. Quizá eso le ayuda a despejarse, así que no hagas comentarios tipo: “¿Cómo puedes hacer esto cuando tu mamá/papá acaba de morir?”.

No hay mejor regalo que un par de oídos para escuchar y un hombro para llorar cada vez que lo necesite, las veces que sea, a la hora que sea, sin juzgar. 

 

Mira también: Así puede ayudar a alguien que sufre ansiedad por el confinamiento

 

Tristemente todos vamos a vivir la muerte de nuestros padres algún día, piensa qué te gustaría que hicieran por ti en ese momento y hazlo por tu amigo o amiga.

 

 

 

Tu vida, Quiérete

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