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Revista Veintitantos

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Tú, yo y Luciana…

Tú, yo y Luciana…

¿Y si hacemos un trío?, le dije luego de sorprenderlo en la cama con Luciana, su confusión se notaba en la mirada que intentaba enfocarme en la oscuridad de la habitación, yo me acercaba a ellos desabotonándome la camisa.
28/03/2019 | Autor: @20s
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Después de 2 años juntos el sexo comenzó a ser rutinario, tanto así que yo me exigía prenderme para no echar por la borda la relación; casi siempre llegué al orgasmo pero la distancia de nuestros cuerpos crecía al punto en el que caí en la cama de un amigo luego de unas copas, ¿lo disfruté?, sí, mucho, fue el respiro para seguir con Paolo.

Él es italiano, tiene ocho años más que yo y cuando lo conocí en el despacho me pareció excitante su neurosis, atractiva su nariz recta y ardientes sus manos con delgados dedos que se mueven sin parar cuando habla; yo no dejaba de verlo y en cada junta buscaba un lugar cerca de él para enredarme en la mezcla de sus aromas que luchan entre sí, la madera de su loción no mitiga el olor de su sudor, es más, lo hace más penetrante y a mí me penetró.

Luego de unos meses trabajando juntos por fín se me acercó, fue en la fiesta de Óscar, ese día yo llevaba una falda roja entallada, una blusa negra de encaje y tacones, sabía que ésa era mi oportunidad de seducirlo, era la primera vez que iba a una reunión sin su chica; no tuve que hacer más que platicar con él más de una hora para que se fijara en mi escote, brindamos un poco con tequila y a pesar de que soporta muy bien el alcohol, ese día estaba muy sensible, entonces conocí a un Paolo que además de ser súper hot estaba dándose cuenta de que no estaba enamorado de su novia, lo que a mí me confundía y me regocijaba al mismo tiempo.

Al cabo de unos shots me confesó su atracción hacia mí, me tomó la mano temeroso y se acercó hasta besarme, de inmediato lo atrapé con mis labios, todo desapareció, mi cuerpo se disolvió en su boca con un aire de eternidad; el magnetismo entre nosotros nos sacudió y mi corazón se adhirió al de él en un ritmo acelerado de una bella excitación, seríamos él y yo para siempre.

 

No pudimos dejar de besarnos, recorrimos un tramo de la pared entre jaloneos y risas cómplices, yo a penas podía articular en defensa de su novia, él incendiaba sus ojos queriéndome arrancar la ropa, mi vagina palpitaba y sin saber cómo entramos en el cuarto de la casa donde había un sofá en el que me tumbó como un león sobre su presa; buscaba con desesperación mis pezones, yo gemía y trataba de evitarlo mientras me suplicaba con una voz rota: “quiero chupártelos”, entre más lo decía menos lograba resistirme, yo me retorcía y mi cabello se enredaba en sus manos mientras su cara se hundía entre mis senos, lo tomé por las nalgas, firmes y redondas, que se sometían al ritmo de mis manos, su pene ya rozaba mi clítoris y me excitaba terriblemente, creí venirme muchas veces pero resistía para elevar cada vez más mi placer y explotar ¿cuándo?, no quería saber, esperaba que este estado fuera eterno. Subí mis manos y saqué mis senos, él con un hambre de animal se atragantaba con ellos, los succionaba como si fuese a sacarme el alma, los apretaba y yo no soportaba más, su pene me cimbró con un orgasmo interminable, de pronto sentí cómo eyaculó mojando su ropa.

Nuestra historia continuó aunque siguió viendo a su exnovia, yo lo sabía. La relación creció y nuestros encuentros mucho tiempo fueron deliciosos, cuando amanecía su pene despertaba para refugiarse en mí, me buscaba y luego de rozar mis nalgas me penetraba, Paolo metía su mano entre mis piernas y tocaba mi clítoris moviéndolo exquisitamente mientras besaba la parte trasera de mis orejas. Yo levantaba las nalgas y me tocaba los pezones, él gemía y luego de unas embestidas mi cuerpo eclipsaba con el de él mientras escurría dentro de mí, dormíamos un poco más y después mi boca buscaba con desesperación su miembro, bajaba a encontrarlo con mi lengua que le recordaba mi presencia, de inmediato reaccionaba, se movía involuntariamente y él despertaba mirándome con deseo, atrapaba su punta con mis labios y succionaba con la necesidad de sentir su líquido en mi boca, poco a poco se endurecía y yo buscaba mi clítoris para excitarlo; no podía dejarlo, la adicción a su pene era tal que luego de hacer que se viniera lo lamía una y otra vez.

 

Como todas las pasiones se desgastó, nuestros cuerpos fueron alejándose en la cama, en la casa, en la vida, hasta que formamos nuestro propio mundo por separado; a veces nos topábamos en la sala y luego de un beso yo bajaba mis pantalones, me inclinaba hacia delante y él me penetraba por detrás, unos gemidos, unos gruñidos y al sentir cómo se venía mi vagina se contraía con suaves espasmos. Intentamos separarnos, no fue posible, compartíamos mucho más que sexo pero mi piel anhelaba aquél tiempo en el que no dejábamos de tocarnos.

Yo había hecho un viaje, apenas unas semanas cuando a mi regreso lo encontré con Luciana en la cama, su exnovia en sus brazos fue lo que me revivió, sentí la excitación que había perdido y zafándome la camisa les propuse hacer un trío, él se acercó y me besó de nuevo con unos ojos encendidos de lujuria, ella quedó pasmada y accedió a quitarme el bra, comencé a besarla y sus delicados labios me engancharon en un goce inefable, toqué sus pezones, los succioné un poco, mientras él se masturbaba frente a mí, yo lo veía fijamente mientras bajaba a meter mi nariz en la vagina de Luciana, ella se arqueaba y él se inclinaba a besar sus senos mientras ella le lamía el pene, Paolo tomaba mi cabeza y la hundía entre las piernas de ella, su olor me hizo entrar en trance, la tomé por las nalgas y la jalé hacia mí, una energía me poseyó y comencé a lamerla y a succionar su clítoris, hundía mis dedos en su vagina, los chupaba con gran  gozo, yo me mojaba cada que ella gemía.

 

Paolo me penetró por detrás mientras Luciana se resistía a tener un orgasmo, yo no soltaba sus pezones, ella no dejaba de gritar y el ritmo era tan intenso que a cada embestida de él yo la penetraba con mi lengua, sacando todo el jugo de esa fruta afrodisiaca que quería morder para hacerla mía; ella se incorporó y se afianzó a mis senos mientras nos movíamos en un vaivén de excitación interminable, gemíamos, gruñíamos y nos pertenecíamos, él se salió y baño mis nalgas y el pecho de Luciana con su líquido, mientras yo temblaba al tiempo que mi vagina mojaba mis piernas; ella se quedó inmóvil ahogando un grito de gran placer.

Me quedé tumbada en el colchón, un silencio absoluto me hizo viajar a la historia con Paolo, recordé que él siempre había estado dividido, que en realidad yo era una parte de tres, pero que él ya no era parte de mí. Ese día continué mi viaje.

 

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