skin
skin
LogoVEINTITANTOS

Revista Veintitantos

Shutterstock
Toca para mí

Toca para mí

Ahora quiero que hagas algo más, toca el instrumento más íntimo de tu cuerpo para mí...

24/01/2019 | Autor: Myriam Ruíz
Comparte en:

"Lisa, mira, él es Ismael". Al verlo me paralicé y  lo recordé al instante. Era el chico de la prepa que me traía vuelta loca y a quien acechaba sin que él siquiera notara mi presencia. 

Él iba dos años adelante de mí por lo que cuando se graduó, la preparatoria no volvió a ser igual. Y no había vuelto a saber de él hasta ahora, en la fiesta de Diana, mi mejor amiga. 

Los ojos de Ismael me miraron fijamente, sin hacer gesto alguno. "¿Lisa?", me habló Diana al vez que perdía el habla. "Ismael es el jefe de Humberto... y espérenme, ahora vuelvo". 

Se fue a atender a otros invitados y yo solo pensaba "no, no me dejes sola con este dios terrenal". Y seguro se me notó porque Ismael de inmediato dijo: "No te preocupes, no suelo morder, por lo menos no en la primera cita". ¡¿Primera cita?! ¿Esto era una primera cita? Mis nervios estaban por los cielos. 

Mi corazón latía al mil por hora. "Con que eres el jefe de Humberto...", Ismael arqueó las cejas. "Bueno, es un modo de decirlo", comentó sin quitarme la mirada de encima, "trabajo en  la empresa de mis padres, siempre han querido que algun día me quede con el negocio y, digamos que yo no tengo problema con eso. Pero esa historia es muy aburrrida, mejor dime algo de ti, ¿qué te apasiona de la vida?" 

¡¿Qué me apasiona?! ¿No pudo simplemente preguntarme a qué me dedico? "Bueno pues, este... lo que me apasiona,  ¿eh? es decir, sí hay muchas cosas, como, por ejemplo..." Tenía la mente en blanco, quería decirle "tú, y con esa maldita mirada penetrante quisiera que me penetraran otras cosas..."

"¿Cómo por ejemplo?", me preguntó con cierta impaciencia.

"¡La música!", sí, eso. "Desde muy pequeña comencé a estudiar el cello y cuando lo toco pierdo la noción del tiempo, puedo pasarme horas y horas sentada y tocando". 

Sin darme cuenta había perdido el miedo, hablaba apasionadamente y eso me pasa cuando hablo sobre música. Noté el brillo en sus ojos y entonces sonó su celular e interrumpió esos mágicos cinco segundos. Se alejó para poder escuchar y lo perdí de vista. 

Entonces sentí una mano en mi cintura. Era él. "Lo siento, Lisa, tengo un asunto del trabajo que atender. Fue un placer", me dijo en tono serio con una mirada fría. Me dio un beso en la mejilla, pero apretó mi cintura con una calidez más efusiva de lo normal. Se dio la media vuelta y me dejó ahí sola. 

Regresé a casa con una extraña sensación. Se había apestado mi única oportunidad con Ismael. Estaba decepcionada, pero de solo recordar su mirada, me humedecía. 

Miré el teléfono y tenía una invitación suya en Facebook. Acepté e inmediatamente me llegó un mensaje: "Quiero que toques el cello para mí". La sangre se me subió a la cabeza pero me concentré. "Está bien", contesté. Prendí la cámara y ante mí apareció también su imagen clara y su mirada profunda. 

Con todo y mis nervios, tomé una silla, el cello y me acomodé frente a la computadora. Cuando me senté escuché su voz decir sin un rastro de piedad, "Una cosa más. Quiero que lo toques desnuda". Pensé que no había escuchado bien. ¿Desnuda? Por una parte me sentí violentada pero por otra me invadió una enorme excitación y no lograrma decidirme entre mi pudor y mi placer. 

Ganó el placer. 

Temblando, comencé a desabrocharme los jeans, luego la blusa y quedé en ropa interior. "¡Todo!", pronució. 

Lo hice. Me desnudé, me senté y abrí las piernas para meter entre ellas el cello. "Toca para mí". 

Las vibraciones retumbaban en mi cuerpo y también lo hacían vibrar. Cerré los ojos y me olvidé de todo, solo sentí la música. 

"Muy bien, ahora quiero que hagas algo más, toca el instrumento más íntimo de tu cuerpo para mí". Me quedé helada. 

"Lo haré pero con una condición", le dije y pude ver su cara de asombro, parecía acostumbrado a que la gente siguiera sus órdenes sin chistar, pero yo también tenía que ganar algo a cambio. "Mañana quiero una sesión personal, no por celular". 

"Trato hecho". Y sí, en mi mente sonaba muy fácil, pero ahora no sabía por dónde empezar y de nuevo sentí que la sangre se me subía a la cabeza. Estaba ahí, frente a él, completamente desnuda y cuanto más lo pensaba, más me paralizaba. 

"Te ayudaré", me dijo. "Primero, vuelve a abrir tus piernas. Muy bien, así. Ahora lleva tus pies al orde de la silla para qe pueda erte completa. Exacto, eres un buena chica, lo haces muy bien. Lleva tu dedo medio a tu boca, saca la lengua y lámelo. ¡Uff! Qué rica boquita tienes. Baja tu dedo hasta tu clítoris y comienza a acariciarte circularmente, con tu otra mano tócate los pezones. Lo haces muy bien, te mereces un orgasmo. Ahora tócate de manera vertical y con tu otra mano, métete  un dedo. Dos. Sácalos. Mételos. Sácalos. Mételos. Mírame a los ojos mientras lo haces, ¡mírame! Soy yo quien te estimula, son mis dedos los que tienes dentro, es mi lengua la que te lame mientras entro y salgo. Dámelo, ahí lo tienes. Dámelo. Aquí estoy para ti. No me sueltes la mirada". 

Todo mi interior se contrajo y solté un grito que debieron escuchar mis vecinos. 

En ningún momento aparté la mirada de sus ojos y sentí que mi orgasmo duró una eternidad. Una sensación de vaivén apretaba mis dedos y los soltaba. Quedé sin aliento. Casi quería decirle que lo amaba. 

Pero entonces su mirada cambió. Esa chispa se esfumó y dijo: "Mañana paso por ti a medio día. Te quiero en falda, medias y tacones" y sin más, se desconectó. 

Cretino, fue lo primero que pensé. Dormí como bebé. Cuando desperté eran las 10 de la mañana. Tardé encontrar la ropa adecuada. Me probé cada una de mis faldas con el único par de medias que tenía, mis tacones y casi todas mis blusas. 

Nada me satisfacía, pero aposté por el clásico: minifalda negra, medias a rayas, stilettos negros, blusa blanca con un saco semi formal. 

Pasó por mi en punto, bajó del auto y me abrió la puerta. Se veía increíble, de jeans deslavados, camisa blanca y saco negro. Casi se me había olvidado lo guapo que era. Las piernas me temblaron con solo verlo. 

En el trayecto me preguntó si tenía planes más tarde y si tenía novio. "Estoy libre todo el día. Llevo un año sin novio". 

Entramos en el hotel. Vi que pagó 3 mil pesos por la habitación. 

Tenía alberca, jacuzzi, era casi el triple de grande que mi depa. Puso una luz tenue y me elogió el outfit pero le interesaba más ver lo que había debajo. "Quítate la falda y la blusa, solo déjate la ropa interior y las medias". Bueno este tipo no se anda con rodeos, pensé pero obedecí. 

"Ve a esa esquina y levanta las manos dádome la espalda". Las piernas me temblaron de nuevo, fui a donde me ordenó y levanté los brazos. Arriba de mí había un tubo de donde colgó el cinturón y me amarró. Inmovilizada, se hincó y me abrió las piernas. "Así te quería tener. Estás tan húmeda...", abrió la boca, sacó su lengua e hizo a un lado mi calzón para introducirla ahí, donde yo quería. Mi cuerpo se estremeció y abrí las piernas lo más que pude. 

Mientras me recorría, sentí como poco a poco deslizaba un dedo entre mis nalgas. Quería tomarlo de la cabeza y estar amarrada era desesperante, pero placentero. No quería que parara. "Dámelo todo", susurré, pero me prohibió que hablara. Me tenía que tragar la mayor excitación que había sentido en mi vida y entonces exploté en su boca y él se tragó todo mi orgasmo. 

Quedé casi colgando. "No creo poder aguantar otro", vacilé. "No solo aguantarás otro, lo harás con muchos más", y dicho esto por detrás sentí todo su pene dentro. De un golpe. Ahogué mis gemidos mientras me embestía. "Dime, Lisa, ¿a quién espiabas en la prepa?"

OMG. 

No podía pensar, cogía demasiado rico para pensar, no podía articular palabra. "¿A quién espiabas en la prepa, Lisa?" Me dio una nalgada que me sobresaltó pero hizo que mis espasmos fueran más intensos. "A ti, Ismael, siempre te he deseado". Más nalgadas me enrojecieron la piel y mis contracciones eran imparables, hasta que él no aguantó más, se salió y terminó en mis nalgas, las cuales untó con su semen. Se sintió fresco después del ardor de los golpes. 

Quitó el cinturón y me cargó hasta la cama. Me recostó delicadamente y por primera vez sentí sus labios sobre los míos. Fue electrizante. 

"Tenía años queriéndote coger", me dijo. Mis ojos sorprendidos me delataron. 

"Desde la preparatoria me excitaba que me siguieras. Estabas en todas mis fantasías. Esto apenas comienza, Lisa". 

Y no mentía. Esto apenas era el inicio. 

Comparte tu relato erótico en los comentarios o envíalo por inbox a nuestra fanpage.

Pasión y Sexo, Confiésate

Notas relacionadas

Masajista sensual
Pasión y Sexo
Mi primera segunda vez
Pasión y Sexo
Festival de amor
Pasión y Sexo
Un encuentro con mi ex
Pasión y Sexo