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Revista Veintitantos

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no hagas ruido

"¡¡¡Shhh!!! No hagas ruido"

"Me puso boca abajo. Yo me aferraba a la almohada que le regalé hacía unos meses para aguantar y no soltar ruidos de nada"

20/02/2020 | Autor: @20s
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Siempre, desde que era niña mi tono de voz ha sido muy alto (molesto para algunos). Cuando platico, grito; cuando hablo por teléfono, grito... y sí, cuando tengo sexo ¡GRITO!

Nunca en la vida había tenido que guardar tanto silencio como aquella  vez estando en la recámara de mi novio, hicimos de esos 10 minutos los mejores del día, eso sí, él me tapaba la boca, no me dejaba hablar, gemir y menos gritar, ¿la razón? Sus papás nos esperaban en la sala para salir a cenar.

Después de casi dos años de relación con Alejandro, mi vida sexual sigue siendo igual de satisfactoria que aquella primera vez que lo hicimos en la parte trasera de su coche, debo mencionar, que jamás creí que fuéramos a ser novios, mucho menos que estuviéramos juntos por años; yo creí que después de ese día no nos volveríamos a ver. Claro, la segunda cita tuvo como principal (léase único) motivo volver a tener sexo. Con el paso del tiempo, cuando nos dimos cuenta, llevábamos varios meses así, siendo fuck bodys uno del otro o lo que es lo mismo, teniendo sexo sin compromiso, sabíamos que el pretexto de ir al cine, era sólo eso, un pretexto; al final, terminaríamos en su carro de nuevo o en un hotel, si queríamos más tiempo. Total, que como a los 4 meses, se me declaró, no voy a negar que ya lo quería y comenzaba a enamorarme, así que le dije que sí.

Desde entonces he tenido grandes experiencias como esta que comencé a contarles, era un sábado, eran las 6 de tarde, llevaba como cuatro días sin verlo, pues mi semana laboral estuvo bastante pesada. Honestamente ya lo extrañaba, pues además de lo mucho que disfruto el sexo, estoy enamorada de su aroma, amo la manera en que me abraza, me besa y muerde mis labios, más aún cuando lo acompaña de una caricia en mis pechos o me acerca toscamente a su pecho. Pfff! ¡Me vuelve loca!

 

La verdad es que sus papás son unas personas bastante agradables, su mamá es muy detallista conmigo, sabe cuál es mi comida favorita, más de tres veces me ha sorprendido invitándome a cenar a su casa y preparando ella, todo a mi gusto. Su papá, es un señor muy guapo, Alejando es idéntico a él, tienen los mismo ojos almendrados, el cabello quebrado y oscuro, las manos grandes y la espalda perfectamente perfilada. Me alegro de haber conocido primero a mi novio o ahora sería mi hijastro (já). Aunque he de confesar que tanta cercanía llega a molestarme un poco, pues siempre quieren que vayamos con ellos a todos lados; al cine, teatro, cenas, etc., por lo mismo, varias veces he tenido que quedarme con las ganas de desnudarme frente a mi galán y desnudarlo a él, para dejarnos llevar por el deseo.

Total, que aquel día yo estaba bastante horny, llegué a su casa con toda la intención de raptarlo y llevármelo a un hotel, ya me veía en el jacuzzi, con vinito espumoso a un lado y recostada sobre él, con sus manos acariciándome cada centímetro de piel; el sólo pensarlo me pone la piel chinita.

Todo mi plan se vino abajo cuando Ale me dijo:

–Vamos a cenar con mis papás, hicieron reservación para los 4.

– ¡Ah, qué bien!

Obvio mi cara fue bastante agradable comparada a los pensamientos que tuve en ese momento. Pero, como siempre me salgo con la mía, le dije que me dejara pasar a su recámara a cambiarme los zapatos y dejar unas cosas que traía.

Ya arriba le grité que subiera, con el pretexto de que no podía abrir la puerta. Cuál fue su sorpresa que al abrir, yo me encontraba desnuda, sentada sobre su sillón, hizo una cara de asombro que jamás le había visto, le dije que cerrara y que pusiera el seguro.

En cuestión de segundos lo tenía sobre mí, yo desabrochaba sus pantalones con la misma desesperación que un niño quiere destapar un chocolate; en cuanto se los quité, sentí su enorme erección y lo húmedo que ya estaba su pene, comencé a acariciarlo rápidamente, mientras él introducía sus dedos en mi vagina una y otra vez, sí, también yo ya estaba bastante lubricada. Fue ahí dónde solté el primer gemido, de inmediato me tapó la boca y me susurro:

–¡¡Shh!! No hagas ruido. 

 

 

Al principio me molesté un poco, jamás en la vida me ha gustado que me limiten a ¡nada!, estoy muy acostumbrada a hacer lo que se me pegue la gana, literal; así que ni se imaginan lo difícil que fue para mí tener que aguantar, pero al mismo tiempo, el saber que estaban mis suegros en la sala con gran probabilidad de escucharnos, y sentirme sometida, hacía que me excitación cada vez subiera más y más y ¡más! Descubrí que quizá me guste un poco de masoquismo… ¡qué fuerte!

Me puso boca abajo, dejando mis nalgas levantadas hacía él, yo me aferraba a la almohada que le regalé hacía unos meses para aguantar y no soltar ruidos de nada; que si la pobre hablara, sacaría a la luz todas nuestras perversiones en este mismo sillón. Mientras me penetraba, lamía sus dedos y acariciaba mi ano, por momentos introducía uno o dos de sus dedos, ¡quería gritar! Debo confesar que esta acción más de una vez me ha hecho tener un orgasmo al momento. Alejandro sabe perfecto que me encanta que haga eso. Lo tomaba de las manos y lo empujaba hacía mí, ordenándole que no se detuviera, haciéndole saber (sin hablar) que quería más, que quería que me lo hiciera duro... todo, absolutamente todo lo entendió perfecto y yo, TODO lo disfrutaba segundo a segundo.

Lo jalé hacía el sillón para que se recostará y yo, poderme poner sobre él; esta vez la batuta la llevaba yo. Me coloqué de espaldas, me movía de atrás hacia adelante; arriba y abajo, de pronto... ¡grité! Alejandro puso su mano de nuevo en mi boca; mi respiración era cada vez más agitada, él acariciaba mis bubis, apretaba mis nalgas, jalaba mi cabello  y yo con fuerzas me detenía del sillón, por una parte para no gritar y por otra, porque estaba a nada de caerme. Frente a mi, estaba el espejo de su closet, hábilmente colocamos el sillón en esa ubicación de la recámara, somos tan vanidosos en el ámbito sexual, que nos encanta ver lo que hacemos, hay veces que hasta nos grabamos o tomamos fotos. No es por nada pero lo hacemos bastante bien.

Fue justo en ese momento cuando su mamá nos gritó, no sé si porque sospechaba o en verdad le preocupaba perder la reservación del lugar. Alejandro sólo le dijo:

–¡Ya vamos!, fue justo cuando él gritó que yo aproveché y solté un ligero gemido, ¡me sentí liberada! Tomé una bocanada de aire para poder seguir.

 

 

Me tomó de la cintura y después de maniobrar unos segundos, se sentó, yo me puse sobre él, me tomé del respaldo del sillón y mientras él apretaba mis nalgas y mordía suavemente mis pezones, yo me movía de adelante hacía atrás, trataba de mantener un buen ritmo. Me sostuve de sus hombros y acerqué mis labios a su oreja, suavemente le susurraba lo mucho que me gustaba estar con él, varias veces le dije que quería más, que era suya, que me tomará e hiciera de mí lo que quisiera; notaba su desesperación por su forma de apretar las manos, lo estaba volviendo loco y eso me daba más satisfacción aún. Después de besarle el cuello, la oreja, jalar de su cabello y sujetarme fuertemente a su espalda para evitar emanar sonido alguno, decidí colocarme de espaldas a él. Me fascina sentir unos labios resbalar por la espalda y por muy poco tiempo que tuviéramos no iba a dejar que esta ocasión no pasara; así que me puse sobre él, me sujeté de sus piernas, por su parte él estaba aferrado a mis senos, besó mi cuello y en segundos mi cuerpo se erizó de pies a cabeza, continuó bajando por mi espalda, cada beso hacía que me arqueara toda, la sensación era tal, que tuve que taparme la boca yo sola, sabía que no resistiría mucho tiempo. Me recargué en su pecho, él acariciaba mis pezones, y se daba su tiempo para acariciar mi clítoris, fue ahí donde me volví loca, voltee mi cabeza para besarlo, lo tomé de la nuca y con la otra mano le indicaba que no quitara su mano de ahí, sólo lo hacía para chuparle los dedos y regresar a seguir con lo mismo. Para ponerle más emoción me incorporé y lo lleve a su cama, me puse boca arriba. Alejandro levantó mis piernas y las puso sobre sus hombros, comenzó a trabajar en su posición favorita, me encanta ver su cara cuando está ahí sobre mí, ver cómo besaba mis piernas, la mirada con la que me veía, ver sus gestos obscenos fue simplemente excitante.

Por segunda vez, su mamá gritó…

–Ya vamos, está hablando por teléfono con su mamá.

–Ok, vamos sacando el coche mientras, ya los vemos afuera.

Voltee a verlo, mis ojos de emoción fueron evidentes, él me miró y sonrió, sabía perfecto que quería gritar un poco, aunque fuera sólo un poco. En cuanto escuchamos que cerraron la puerta, comencé a gemir, mi respiración se agitó muchísimo más, él me penetraba salvajemente, la cama se movía y el rechinido era inevitable.

Yo cada vez subía más el tono, apretaba su pecho y me levantaba a besarle; yo misma acariciaba mis pechos, bajaba a mi clítoris, le hacía lamer mis dedos, regresaba a lo mismo. Bajé mis piernas de sus hombros, jale la almohada que estaba a un lado y la puse bajo mi cuello, comenzaba a dolerme.

He de confesarles algo para que me entiendan todavía mejor, cuando estamos en la posición del misionero, tiendo a poner mis piernas un poco flexionadas y sobre las suyas, me sujeto de sus nalgas, y comienzo a hacer movimientos rápidos; mi novio sabe que cuando hago eso, es porque estoy a nada de lograr un orgasmo. Así que, él se acomodó como ya sabe que debe hacerlo, lo miré a los ojos, le di un beso y le dije que lo amaba, sí, también entre tanta pasión sabemos ser románticos aunque sea segundos.

Sabiendo que el final se acercaba y que sus papás ya llevaban unos cinco minutos afuera, aceleramos el ritmo, nos dijimos una que otra frase digna de película porno para aumentar la excitación… de pronto, sentí esa cosquillita que todas esperamos en el sexo. Me aferré a su espalda, me acerqué a su oído y le pedí que siguiera así, que no parara… gemí, gemí, grité… ¡terminé! Segundos más tarde, Alejandro también. Nos quedamos abrazados apenas unos segundos; me vestí, arreglé el cabello, nos lavamos los dientes y salimos.

Su mamá nos recibió linda:

–¿Listos, nos vamos? Yo asentí con la cabeza y pensé: “Sí supiera que nosotros ya hasta nos venimos”.

Pasión y Sexo, Confiésate

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