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Revista Veintitantos

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relato erotico Profe fui una alumna muy mala

Profe, fui una alumna muy mala

"En cuanto cerramos la puerta me abalancé sobre él y llegamos al sillón"

12/03/2020 | Autor: @20s
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Estaba por cumplir 25 y quería crecer profesionalmente, así que decidí inscribirme a una maestría. Vi varias opciones en diversas universidades hasta que encontré una que se adaptaba a mis gustos y necesidades profesionales, fue un proceso largo así que lo que menos quería era arruinarlo, volver a la escuela era un reto personal.

A diferencia de mi paso por la universidad decidí que iba a enfocarme, hacer mis tareas y poner atención en todas mis clases. Aunque algunos profesores no eran lo que esperaba, me aburría a montones en su clase, hacía mi mejor esfuerzo, ponía atención, tomaba notas, hacía la tarea, estudiaba para los exámenes y sacaba buenas calificaciones.

La verdad es que me clavé tanto en la maestría que descuide un poco mi vida social, estaba conciente de ello pero no importaba porque no sería para siempre, y terminarla sería bueno para mí en muchos aspectos.

No había notado lo muuuuucho que descuide mi vida sexual hace que el primer día de mi último semestre un maestro nuevo llegó, era joven y podría jurar que eramos de la misma edad, algo en mi estómago y zona V se revolvieron a tal grado que sentí la imperiosa necesidad de masturbarme. Una parte de mí se sintió súper mal, por pensar en eso y otra no podía esperar llegar a casa y fingir que ese sensual profesor me azotaba sobre su escritorio.

Por primera vez en todo el tiempo que llevaba en la maestría no llegué cansada a casa, pero también, por primera vez, no llegué a hacer tarea. En cuanto entré a mi depa corrí a la habitación, me recosté e imaginé cómo llegaría a seducirlo; pensé en que tendría que pedirle que me asesorara en algún trabajo, y es que (nadie puede negarlo) los últimos semestres son los más complicados.

Pensaba en que iríamos a su oficina, y trabajaríamos hasta tarde porque obviamente a mí me costaría mucho trabajo entender, después cuál película porno yo haría algo que lo prendería y ahí comenzaría una tensión sexual tan intensa que tendríamos que resolverla en ese momento. Para este punto de mi historia mental, yo ya tenía los dedos dentro de mi vagina, y los movía dentro de mi, mientras mi otra mano tocaba mis senos, mis abdomen y llegaban hasta mi boca donde los mordía a falta de los labios de mi profesor que deseaba besar con ansia.

No quería imaginar que él tiraba todo de su escritorio y me tomaba ahí, quería algo más… así que decidí que él se sentaba sobre su silla y yo lo montaba de frente, subiendo y bajando a mi antojo, mientras sus manos disfrutaban de mi trasero y mis senos que se movían con cadencia ante los intempestivos impactos contra sus piernas.

Fue tan intenso el orgasmo que tuve tan solo masturbandome mientras pensaba en él que creo que tuve otro más pequeño, no lo puedo decir porque me quedé dormida.

 

 

 

A la semana siguiente que acudí a mis clases, quería verlo, quería saber si tenía esa magia en mí. Algo pasaba conmigo que hasta mis compañeras lo notaron, me preguntaron que si estaba saliendo con alguien, o si había conocido a un nuevo chico porque, decían, mis ojos brillaban. La verdad era que sí, pero no podía confesarles que me enamoré de la idea de que nuestro joven profesor me cogiera intensamente en su oficina, porque, obviamente, nunca había cruzado palabra con él.

Así pasaron las semanas, mi tarea se convirtió en llegar a imaginar situaciones en las que él terminaba tomándome, en algunas él tenía el rol de seductor, en otras usaba su poder como maestro para “obligarme” a hacer cosas, como practicarle sexo oral o masturbarme delante de él con tal de que no me reprobara; en otras era yo quien lo seducía con miradas durante su clase, en otras me le ofrecía directamente y en algunas más nos enamoramos tiernamente y teníamos sexo tan romántico que me quedaba dormida abrazando la almohada. No me enorgullece decir que esta “tarea” la hacía a diario, sin importar si tenía clase con él o no, aunque en la vida real apenas habíamos cruzado palabra.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando una noche mis compañeros decidieron ir por unas cervezas y lo invitaron; en el baño, con algunas de mis compañeras de clase supe que muchas de ellas pensaban igual que yo, pero seguro nadie se había masturbado tanto como yo, así que me sentí una especie de ganadora, ¿de qué? Ni idea…

Durante la noche no me pude acercar a él, porque la mayoría de ellas estaban, literal, acosándolo, así que me dediqué a conocer al resto de mis compañeros y compañeras con más calma, hablamos de sus empleos y sus hobbies, con muchos de ellos acordé vernos después, aunque claramente eso no iba a suceder.

Poco después de la medianoche, decidí que era momento de ir a casa a descansar y tal vez hacer un poco de “tarea”; a estas alturas estaba segura que nunca se me haría si quiera cruzar más de cinco palabras con mi sensual profesor, así que no me sentía mal, al contrario, me enorgullecía no ser parte de bola de mujeres que lo acosó toda la noche, y de la que algunos compañeros y yo nos burlamos.

Así pasaron las semanas, hasta que un pequeño accidente con mi outfit abrió las puertas que tanto había deseado, ahora todo dependía de cómo aprovechara esa oportunidad. Durante una clase mi blusa me jugó una mala pasada, se desabrochó un poco hasta dejar al descubierto parte de mi seno y mi bra de encaje blanco que usaba para provocar a mi profesor imaginario al llegar a casa.

Mientras daba su explicación, se me quedó mirando el escote y se quedó callado un par de segundos, lo que me hizo darme cuenta y bajar la vista, discretamente la abroche; desde entonces había esas miradas indetectables entre nosotros, algo tan fugaz que me hacía dar rienda suelta a mi imaginación y descuidar mi atención en su clase.

 

 

 

 

Obviamente, en la última parte del examen final de su clase salí súper mal, el único conocimiento que cruzaba por mi cabeza durante la prueba era su mirada fija en mi bra y una candente idea de abalanzarme sobre él tocándome los senos y esperando que el estirara su mano para ayudarme, y terminaramos los dos cogiendo intensamente en cualquier lugar.

Al entregar las calificaciones del último examen, el profesor no dio mi calificación en voz alta al igual que de algunos otros compañeros, en ese momento me di cuenta que estaba poniendo en riesgo, literalmente, años de esfuerzo por una fantasía que no se haría realidad, me dieron muchas ganas de llorar así que fui al baño a despejarme y no llorar como quinceañera que su papá le pondría una golpiza por una mala calificación.

Cuando llegué a su oficina, el resto de mis compañeros que fueron llamados estaban haciendo una fila afuera mientras esperaban para pasar con él uno por uno. Me felicité porque ahora sería la última en salir de la escuela, regañada por mi profesor a mis 25 años…

Entré  después de poco más de media hora de espera, así que mis ganas de llorar se habían esfumado, ahora solo tenía una inmensa vergüenza que se juntaba con el aburrimiento. Me llamó por mi nombre con sorpresa y me dijo que no me vio acercarme a su oficina junto con el resto, y pensó que había perdido el interés en su clase y que por eso había bajado mis calificaciones.

Me excuse diciendo que el trabajo me había estado consumiendo el tiempo y la atención, él me dijo que gracias al resto de mis exámenes y tareas, mi promedio no era tan bajo, pero que por las ganas que había demostrado a lo largo del curso quiso darme la oportunidad de hacer un trabajo para subirlo, dije feliz que sí y le pregunté que clase de trabajo, su respuesta me sorprendió: “¿Qué clase de trabajo te gustaría hacer?”.

Sentí como los colores se me subieron al rostro y como se humedecia mi pantaleta, me quedé callada; al notarlo, me preguntó qué era, que no me avergonzara, obviamente no se lo podía decir, así que le dije que me avergonzaba no tener idea de qué tipo de trabajo hacer.

Me propuso un ensayo sobre un tema nuevo para mí, me dijo que así podía mejorar mi promedio y aprender algo nuevo, le dije que sí, lo único que quería era salir de ahí y comenzar el ensayo, después de masturbarme pensando en que pude haberle dicho que subiría mi promedio bajandole los pantalones e introduciendo su pene en mi boca, succionandolo y permitiendole que me penetrara como más le gustara.

En los días siguientes traté de hacer mi investigación y comenzar mi escrito pero tenía un bloqueo muy grande, de verdad no se trataba de mis fantasías, no tenía idea de cómo comenzar  cuando mi teléfono sonó, era un Whats de mi profesor preguntándome cómo iba, le dije que no tenía idea de cómo comenzar a escribir así que me invitó un café para ayudarme a despejar mi mente y acomodar mis ideas.

Nos quedamos de ver al día siguiente por la tarde en una cafetería cercana a la universidad, pasamos un par de horas hablando de lo que tenía en mente y me ayudó a acomodar mis ideas, cuando nos despedimos noté como se puso nervioso y me abrazó por la cintura; me sacó de onda porque nunca lo esperé, pero ninguno de los dos hicimos más.

Así terminó el semestre con miradas que no decían más y tratandome como una alumna más. Pasaron algunas semanas y recibí un mensaje de mi maestro invitándome a salir, una parte de mi quería arreglarse para tener relaciones, pero la más realista lo tomó como un date más, sin embargo, debo confesar que estaba preparada para TO-DO.

Tomamos un par de cervezas y se ofreció a llevarme a mi casa, lamenté que nuestra cita hubiera parecido más una salida de amigos, pero no me sentía preparada para confesarle que me gustaba, pero cuando se despidió de mí me besó en la boca tomándome nuevamente por la cintura, inmediatamente le susurré al oído que si quería entrar, apenado dijo que sí.

Subimos a mi depa, sabía que le ofrecía algo de tomar o algo más ocurría no tendría el valor de pedirle que me hiciera suya, así que en cuanto cerramos la puerta me abalancé sobre él y llegamos al sillón, ahí me colocó en sus piernas, subió mi falda y disfrutó de mi trasero desnudo porque llevaba una tanga blanca, mirandome a los ojos me dijo “haz sido una alumna muy mala” y me dio una nalgada, lo disfruté tanto que le dije “si, profesor. Castígame”, y así lo hizo.

Después de darme un par de nalgadas más, me jaló del cabello y me besó en la boca. Me dijo que tendría que hacer lo que él me pidiera, estaba tan mojada que solo pude asentir, bajar su cierre y llevarme su sexi a la boca, lamiendo y succionando como si un diez en mi boleta dependiera de ello, él me tomaba por el cabello para controlar un poco la velocidad y succión de lo que le hacía.

 

 

 

Me pidió montarme en él y reviví mi fantasía de la silla en su oficina, subía y bajaba rápidamente mientras el me tomaba por el trasero enterrando sus dedos en mi piel sensible debido a las nalgadas, poco a poco fue subiendo hasta enfocarse en mis senos cubiertos todavía por el bra que ya había tenido oportunidad de ver en clase; tras mirarlo unos segundos lo reconoció, me tomó por el cuello y me dijo que ya lo había visto, que quería verlo desde otro ángulo.

Bajamos al piso y me colocó en cuatro, me penetró y jalaba el resorte de mi brassier mientras las penetraciones se hacían más profundas en intensas, sentí mi piel ponerse de gallina, sabía que el orgasmo estaba cerca, así que acerqué por debajo de mi cuerpo mi mano a sus testículos, sobándolos y jalandolos mientras mi antebrazo estimulaba mi clítoris. Así llegué al orgasmo, sintiendo como todavía me penetraba esperando poder alcanzar el suyo pero sin éxito, mi espalda tenía contracciones involuntarias.

A los segundos de que terminé sacó su pene sacudiendolo en mi espalda, logrando por fin su propio orgasmo, abrazandome por la espalda me susurró al oído: “espero que te portes bien, o tendremos que repetirlo”.

Llevo meses portandome mal… 

Pasión y Sexo, Confiésate

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