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Relato sexy posgrado sexual

Posgrado sexual

"De pronto sentí su mano que acariciaba mi rodilla, en ese momento sentí que el anzuelo tenía una presa y que me esperaba una excitación exquisita"

02/04/2020 | Autor: @20s
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La graduación de la maestría sería en una semana, Julio y yo estábamos dentro del plan hardcore de pasar toda la noche de bar en bar, luego de una cena con nuestros compañeros y profesores. Creo que por primera vez queríamos zafarnos un poco de la responsabilidad de “estar comprometidos” y volver a divertirnos como antes. Desde que estamos con los planes de la boda ha sido una misión imposible darnos tiempo para perdernos en unos tragos y beber sin mañana, como cuando terminamos en la subida del Desierto de los Leones, estábamos en el coche entre los árboles a las tres de la mañana con “Light it up” de fondo; yo le había dicho que ese era el camino hacia mi casa, pero he de confesar que era una mentira para que él se animara a estar conmigo, pues ya nos habíamos besado en una que otra fiesta, pero aún no nos agarrábamos y yo me moría porque pasara.

Julio es tímido, pero con unas copas y música hot se prende durísimo; eso lo comprobé aquella primera noche, cuando le animé a bajarnos a ver el cielo y a subir el volumen de la música; mientras le bailaba de frente y entre la oscuridad él se comenzó a excitar, me tomó por la cintura y sólo me sostenía, como a una muñeca de ballet que gira sola y se desliza por una antigua caja de música. Yo, en mi viaje, me imaginaba cómo el frío de la noche se colaba por mis senos y los afilaba, como unos icebergs que con sus puntas querían atravesar el pecho de Julio.

Mis pezones duros gemían por ser succionados por sus labios. A medida que el playlist avanzaba a “Roses” y se hacía más fake el momento, comenzó a besarme el cuello, luego a tomarme por las nalgas y a restregarme con su cuerpo. Mis jeans se comenzaron a humedecer y él deslizó su mano hacia dentro de mis pantys, buscando con sus dedos mi clítoris, mientras mordía mi labio inferior y yo forzaba a mi lengua buscar la suya, apenas la tocaba con la punta entre sus dientes cerrados, al ritmo de la excitación de mi clítoris. Pero ese día no pasó nada más, yo sabía que si dejaba que toda nuestra pasión se desbordara de una sola vez, se perdería el encanto y yo quería que durara mucho tiempo más.

 

Llevábamos 3 años saliendo y a penas hace seis meses decidió darme el anillo, yo siempre lo he querido mucho, pero creo que antes de casarnos me gustaría probar algo distinto, así que cuando me enteré que tenía que salir de viaje por su trabajo justo el día de la graduación, me pareció la oportunidad perfecta de darme “un gusto”; como él sabía que sería un plan de toda la noche, no me iba a checar mis horas on line de Whats y no sospecharía si me portaba un poco mal.

Así que ese viernes cenamos en un restaurante por Polanco, en la mesa éramos 12, y entre ellos estaba Luis, un amigo que había conocido en la carrera; en alguna ocasión habíamos salido pero a mí me parecía que sólo quería una noche de sexo salvaje y después me dejaría de hablar, lo sabía porque él mismo se sentía bien de presumir este tipo de actitudes con todos sus amigos. Sin embargo, ese día yo no me sentía en peligro, pues tenía un novio con el que me iba a casar y no había temor de que después de esa noche Luis me dejara de hablar como acostumbraba, de hecho, me convenía mucho.

Después de pedir el postre, un soufflé de plátano con cajeta, y de maridarlo con un carajillo, luego de haber bebido tres copas de vino, mi sex appeal despertó y comenzó a hacer click con mis previas intenciones, así que rocé mis piernas con las de él, quien estaba a lado de mí y quien había estado mirando mi escote de reojo, desde que nos sentamos en la mesa, me arrimé más hacia su cuerpo y brindaba chocando mi vaso con su copa, mientras me contoneaba, reía y de vez en vez le hacía un guiño.

Él comenzó a verme con un brillo destellante y a desabotonar mi camisa con la mirada, sentía cómo desviaba su mirada de mis ojos y se asomaba sutilmente a buscar mis senos bien firmes en ese push up que llevaba puesto. La tensión aumentaba porque no podía coquetearle descardamente frente a mis otros compañeros, quienes conocían toda mi historia con Julio, así que él guardaba distancia. Caminamos unas cuadras hacia la calle de Arquímedes para entrar en un pequeño bar; desde que llegamos él siguió mis pasos para saber dónde me sentaría y cuando llegamos se puso de frente a mí, yo me extrañé y pensé que preferiría no meterse en problemas, pero estaba equivocada.

La oscuridad del lugar era el escenario perfecto de un filtreo imperceptible, y él lo sabía, así que en medio de las sombras se recargó con su banco en uno de los amplificadores de la banda que estaba tocando; de pronto sentí su mano que acariciaba mi rodilla, en ese momento sentí que el anzuelo tenía una presa y que me esperaba una excitación exquisita, la subió por mi entrepierna y siguiendo la conversación con los demás me abrió lentamente las piernas, yo temblando le obedecía y con algunos encuentros de nuestras miradas nos hacíamos cómplices de un arrebato, su dedos trazaban el camino hacia mi clítoris y yo movía mi cadera hacia delante para ofrecerle mi sexo, mis labios ya latían como una planta carnívora tratando de devorar lo que pasara por ahí, se humedecían y un pequeño dolor me hacía perder la concentración en la plática con los demás, sentía cómo se iba endureciendo mi clítoris exigiendo que lo tocara, sus dedos obedecieron y se colaron por entre mi falda; dejé de escuchar lo que los demás decían y mientras se escuchaba en el bar “Toxic”, Luis tocaba con suavidad mi panty, acariciando por encima de la tela mi sexo que estaba ya húmedo, con dos dedos la hizo a un lado y apenas tocó un poco de mi lubricante, pero repentinamente llegó el mesero con nuestros mojitos y él sacó la mano abruptamente de mí para recibir su bebida, yo me contoneaba en la silla y esperaba por él con más agua humedeciendo mi panty; mientras esperaba que el mesero sirviera los de todos, captó mi mirada y luego metió sus dedos en el mojito como un mezclador afrodisiaco, para luego sacarlos y llevárselos a la boca para limpiarlos con su lengua, que pasaba por en medio de ellos, invitándome a dejarme comer por él.

Me dijo: -¿salimos a fumar?-, yo de inmediato accedí, nos fuimos a un patio trasero de la casa vieja y en el primer rincón oscuro que encontramos me atrapó como un león a un ratón, metió su cabeza entre mis senos, me besaba con tal desesperación que yo pedía por su lengua dentro de mí, mientras yo le tocaba su miembro por encima del pantalón; él se hincó y metió la cabeza entre mi falda al tiempo que bajaba mi panty y metía su lengua buscando mi clítoris, al encontrarlo lo frotaba con la fuerza que de inmediato sentía contracciones en mis labios, pero seguía y yo tragaba mis gemidos apretando los labios y jalando su cabello mientras me restregaba con la pared de granulada, él movía su lengua de arriba hacia abajo con rapidez y succionaba todo lo que salía de mí, como un animal sediento, insaciable.

 

Metió sus dedos y mientras me penetraba con dos de ellos seguía comiendo de mi fruto, lo hizo todo bajo un timing perfecto, los metía y sacaba con precisión, yo perdía la fuerza de mis piernas pero el placer extasiante me hacía seguir con las piernas abiertas y moviéndome de arriba hacia abajo. Sin más un electrizante orgasmo me sacudió de pies a cabeza, haciendo que me mordiera los labios con tal fuerza que se me trabara la mandíbula, fueron 8 contracciones, las conté en mi mente como relámpagos que me atravesaban desde un cielo inmortal.

Me acomodé la falda, le di un beso en la boca y le di las gracias, él se quedó viéndome a la espera de algo más, pero para entonces yo ya había cumplido mi meta y tener algo más con Luis podría ser mi perdición, regresé a la mesa y después llegó él, yo decidí pedir un taxi e irme a casa, así lo hice pero sentía el desconcierto de Luis como inquisidor sobre de mí, pero no dijo nada más.

El domingo llegó Julio de viaje, lo recibí en su loft y no hubo razón para explicarle nada, simple, yo había pasado una velada extraordinaria disfrutando de mi graduación y él no preguntó nada, hasta que comenzó a sonar desquiciadamente mi celular 8 veces: era Luis…

Pasión y Sexo, Confiésate

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