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Revista Veintitantos

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Mi smartphone, mi juguete favorito

Mi smartphone, mi juguete favorito

"Abrí mis piernas, puse una almohada debajo de mi cadera y comencé a introducir mis dedos, estaba escurriendo, tenía la mano mojada y la mente en blanco"

06/06/2019 | Autor: Rincón Erótico
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“Esta soy yo, acaricia mis bubis, besa mi cuello, toca cada centímetro de mi, ¡hazme tuya!”, esto fue lo que escribí aquella vez que mandé por Whatsapp mi foto desnuda; con las piernas separadas, mirada seductora y cabello alborotado; esa era yo y lo único que quería era que Alfredo se tocara pensando en mi, me deseara mientras yo acariciaba mi vagina esperando tener el mejor sexo virtual, esa realidad no tangible, pero real; ese mundo en el que podemos vivir aventuras fantásticas. 

Nunca me he considerado una buena mujer, soy perversa como pocas, descarada como nadie y mustia como todas; buscar la manera de sentir placer es mi hobbie, veo porno, tengo juguetes sexuales, me masturbo cuando se me pega la gana (lo que hecho en el baño de la oficina), ligo en los antros en busca de sexo de una noche, suplico por más si quiero; pido orgasmos a domicilio, ¿me explico?

El punto es que, para mi es importante reinventar las formas del placer, de sentir, de vivir y de sonreír. 

Sexo por teléfono

 

 

Cierto día, estaba acostada en mi cama, eran como las 1:30 de la madrugada, me sentía bastante cansada, mi semana fue pésima; de pronto leo en la pantalla de mi BB “¿Estás despierta?”, era Alfredo, el chico de RH de mi trabajo; es 4 años más chico que yo, pero su atractivo hace babear a cualquiera, tiene una voz bastante masculina y los trajes le lucen de maravilla y sus camisas, definitivamente hace justicia a su espalda y brazos.  

Lo conocí cuando llegué a trabajar ahí, él me hizo la entrevista, me llamó y me dio a firmar mi contrato; aún recuerdo su aroma, varias veces me fui en el camino oliendo mi mano, tenía su olor impregnado. 

Como era el único con quien había tenido mayor “contacto” me invitó a comer con él mi primer día de trabajo, platicamos de varios detalles de mi vida, por dónde vivía, sí tenía novio, cuántos hermanos, etc., todas esas cosas que no se incluyen en un CV. Así estuvimos una semana o un poco más, hasta que mis compañeros de trabajo, me comenzaron a integrar un poco más. Nos saludábamos por la mañana, así que me conformaba con oler mi mamo de 2 a 3 a falta de su ausencia, ¡vaya que me gustaba!

Pasaron varios meses, la relación se hacía un poco más cercana, nos llevábamos mejor y, hasta cierto punto, había más confianza entre ambos; entonces, un viernes por la noche me invitó a tomar unos drinks, a “Godinear” decía él. Nos fuimos a una cantina por el sur, cerca de mi casa, así pasaríamos a dejar mi carro primero para después irnos sólo en el suyo; no sé si me pareció una exageración o un detalle de caballerosidad, para no dejarme regresar manejando sola; como sea, creo que fue bueno. 

Estuvimos hablando mucho, sus amigos parecen ser su mundo desde hace un año que cortó con su exnovia, es bastante agradable, tiene temas de conversación, sé que es fan de Star Wars, que ama a Arcade Fire, no come jitomates y ama el pescado; detalles simples, pero que aún recuerdo. 

Le conté de mi amor por el karaoke, pero aclaré lo mal que canto; de mi perro, de mis últimas vacaciones, de mi obsesión por Jude Law y las películas ñoñas, detalles, de los cuales, omití el más importante; mi amor al sexo. 

En fin, regresando al mensaje aquel; como no supe si contestarle o no, esperé unos minutos, hasta que le escribí “Sí, estoy despierta, ¿todo bien?”.

“Todo bien, no te preocupes, sólo me dieron ganas de whatsapearte”.  

“Pues, espero no siempre te den ganas a estar horas :P” 

“No prometo nada, llevo días queriendo escribirte, pero me daba miedo que te molestara”. 

“Para nada, sólo que si un día no contesto, es porque sí, efectivamente estaré dormida”.

Entre mensajito y mensajito, dieron las 2:00 comenzaba a sentir sueño, pero lo que me escribió en ese momento,me lo quitó más que 20 tazas de café, “Tengo que decirlo, tengo ganas de tenerte aquí, de tocarte”. Por un momento pensé que se habría equivocado, que no era para mi o que yo lo estaba malinterpretando, pero no, no era así. Volvió a decirle, pero esta vez agregó mi nombre al final. 

Honestamente sentí mariposas y no en el estómago, las sentí en mi entrepierna, ese mensajito me levantó la libido como grúa a carro; me sentí e un juego, en el que debería hacer lo mejor posible. Me levanté de mi cama, me quité la pijama y me puse un conjunto negro de encaje que tengo, es una tanga y el bra deja ver perfectamente los pezones. ¡Ese nunca falla! 

Me senté a la orilla de mi sillón y tomé la foto, ¡se la mandé!

No les puedo contar mensaje por mensaje, pero sí que me sentí más cachonda que nunca, comenzó a darme indicaciones, me decía cómo y dónde tocarme, como moverle, que lamiera mis dedos, estimulara mi ano, presionara mis pezones y sintiera como me mojaba poco a poco. 

No fue fácil seguir lo que me ordenaba mientras tenía en una mano el celular, leyendo sus órdenes y con la otra trataba de cumplir las mis indicaciones, pero me esforcé, quería complacerlo y quería complacerme. 

De pronto, me llegó una foto suya, finalmente pude ver su abdomen, sus pectorales y su pene; debo confesar que es el primero que me parece realmente hermoso, su piel tono chocolate me provocaba ganas de metérmelo a la boca y chuparlo sin parar, quería que se deshiciera en mi lengua, sentirlo en mis manos, acariciarlo. Cuando me di cuenta, estaba gimiendo; mis dedos estaban empapados como resultado de lo que en mi vagina pasaba, todo lo que estaba sintiendo se lo contaba, cada gota que recorría mis nalgas, cada vez que acariciaba mi cuerpo, cada vez que decía su nombre. 

Me marcó, contesté y no dije nada, mi respiración lo decía todo, me dijo que pusiera el altavoz y dejara el teléfono cerca de mi, a veces me arrepiento de no haber guardado ese momento, sería material para masturbarme todas las noches. 

Sin estar él conmigo, me hizo sentir sometida, fui su esclava, me hizo gritar, sentir dolor y por segundos que moría. Era increíble que estaba sudando, me movía en mi cama como si me estuviera viendo; le conté cuanto moría por tenerlo dentro de mi, por olerlo, por chupársela y succionar hasta que terminara en mi boca. Mis manos de adueñaron de todo mi cuerpo, no quería detenerme, necesitaba más, necesitaba sentir un orgasmo o dos o tres, ¡tantos como fueran posible! 

Cerré los ojos y dejé que su voz me dirigiera, en ocasiones no entendía, su respiración agitada lo complicaba un poco, pero eso me prendía más, escuchar como se excitaba, saber que se estaba tocando por mi, que quería eyacular para mi y que, en su mente, estaba cogiéndome a mi. Es una sensación extraordinaria, maravillosamente excitante. 

“Escúchame, es tu momento, vas a hacer todo lo que te diga, cada movimiento. Quiero que te vengas, quiero que termines y grites, que te muevas como una puta, que te den ganas de arrancarte la piel a mordidas, que quieras más, que digas mi nombre miles de veces, quiero escucharte, quiero que obedezcas. ¡Hazlo!” Alfredo sabía lo que hacía, sabía cómo lo quería y yo, soy buena obedeciendo, así fue. 

Abrí mis piernas, puse una almohada debajo de mi cadera y comencé a introducir mis dedos, estaba escurriendo, tenía la mano mojada y la mente en blanco, su respiración y lamía era el único diálogo que había en ese momento, estaba sintiendo el mejor placer desde hace mucho tiempo, quería más, quería tenerlo encima de mi, que mordiera mis pezones, que me penetrara, que su sudor escurriera en mis bobis, que su lengua recorriera mi vulva, que me chupara. 

De pronto, ya no pude más, comencé a gritar desesperadamente, dije su nombre repetidas veces, le dije que estaba a segundos de tener un orgasmo, gemí, grité, con una mano me agarré de la almohada mientras mojaba la que tenía debajo, de pronto, tuve un orgasmo magistral, si duró segundo para mi fue eterno, me detuve, cerré los ojos y escuché cuando Alfredo lo hizo también. Colgamos como si hubiésemos estado platicando banalidades ese tiempo, no dijimos nada, nos deseamos buenas noches y se terminó. 

Fue un viernes, no sé que pasará el lunes que regrese a la oficina, pero de algo estoy segura, encontré una manera más de extasiarme de placer, de mojar mi cama, cocinar orgasmos y de volverme loca por mi. Quiero volver a hacerlo, quiero sentir de nuevo esto, estoy segura de que la próxima vez se lo pediré yo. 

Aunque de esta experiencia sólo lamento dos cosas: no tener su aroma en mis manos, la falta de semen en mi cuerpo.

 

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