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Historia pelicula erotica

Historia de una película erótica

"Él inmediatamente se agachó, levantó el resto de la falda e hizo a un lado la panti, acercó sus labios y tras aspirar rápidamente su aroma, recorrió la vulva de arriba abajo con la lengua"

03/10/2019 | Autor: @20s
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¿Arriba o abajo?- había preguntado él, con la firme intención de imaginarse ese momento como una fotografía y luego como una secuencia en cámara lenta. Quería vivir la experiencia de poseerla de esa manera una y otra vez, porque si algo disfrutaba era hacerle el amor.

Las imágenes de ella eran más personales, quería mostrarse exuberante, sensual, atrevida; despertar el deseo de él como si fuera la primera vez que tuvieran sexo. Deseaba despertarle todos los sentidos a través del sexo y de su cuerpo, arrancarle de la cabeza la idea de que con nadie había sentido lo que sentía con ella en la cama. Por eso dijo:

-Prefiero arriba, así podrás contemplar el modelito que me compré para ti.

Había tardado mucho en decidir incluso qué color de ropa interior prefería para la ocasión, si pensaba en complacerlo se inclinaría por el rojo, pero con el negro, la imagen que le regresaba el espejo del probador del centro comercial, le resultaba justo el que ella quería: una mujer absolutamente sensual y provocativa.

Mientras se probaba el corsé de encaje notó que sus pechos experimentaron cierto endurecimiento… la idea de masturbarse ahí mismo le pasó por la cabeza como un flashazo, pero se contuvo. Sustituyó el pensamiento por otro en el que lo hacía (masturbarse) delante de él, para deleitarlo, ansiaba que el momento que había estado planeando llegara.

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La idea les había surgido apenas unas semanas antes, primero como broma, después se lo tomaron enserio: querían su video pornográfico. Buscaron “inspiración” en internet, revistas y canales de televisión del estilo, incluso sus últimos encuentros habían estado llenos de “ensayos”, posturas y frases que querían incluir en su gran acto.

-Se me antoja decirte: “es la mejor cogida que me han dado”- decía ella. Y se sentía poderosa pronunciando esas palabras, le excitaba decirlas. Su cuerpo respondía a esa frase humedeciéndose más y balanceándose con mayor ímpetu sobre el miembro firme de él.

-“Qué bien lo haces, zorrita”, quiero decir yo mientras me lo haces oral –decía él.

Habían estudiado las escenas de las películas que más los prendían. Ante las imágenes de las mujeres dirigiéndose a la cámara, mostrando sus senos, incitando al espectador a excitarse con ellas, la chica advertía un palpitar en su vulva, ligeras contracciones que la enardecían al instante.

Él por su parte, no podía contener la excitación al ver las formas voluptuosas de las mujeres, pero lo que en verdad le provocaba una revolución de energía interna era imaginarse que podían gemir e implorar más por él, quería lucir como un guerrero: implacable y sensual al mismo tiempo. Se imaginaba penetrándola por horas, haciéndola sufrir pero al mismo tiempo rogar porque llegará más profundo y no parara.

Llegaron a media tarde al hotel, habían escogido uno algo viejo, les gustaban los muebles antiguos y las cortinas púrpura, pensaban que sería su set ideal. En una maleta llevaban la cámara, su vestimenta y una botella de vino, deseaban hacerlo, pero sobre todo hacerlo desinhibidamente.

Ella llevaba puesto un vestido negro, ceñido al cuerpo, strapless; evidentemente, había elegido el corsé negro; había elegido unos zapatos eran rojos. Quería que aquello no fuera una actuación sino que él la deseara desde el momento en que la viera y le hiciera el amor con arrebato y verdadera pasión.

Su plan resultó perfecto, cuando él la vio acercarse al auto no pudo contener su erección, y observó minuciosamente cómo los pechos de ella oscilaban cadenciosamente por encima del escote; salivó imaginando el delicioso sabor qué tendrían si en ese preciso momento estuviera probándolos.

Al subir al auto, ella le ofreció un beso húmedo y cálido. Él sintió que su perfume lo invadía y lo hechizaba.

-Estás hermosa.

-Y esto es sólo el comienzo-, le dijo mientras maliciosamente se agachaba acomodar la correa de su zapato, dejándole ver más de sus pechos.

Él se quedó casi sin aliento, boquiabierto nuevamente en su paladar se movía el deseo de probarla. Sus senos lucían prominentes y rosados… y se imaginaba sus pezones oscuros y erectos.

Por eso en cuanto pagó la noche en el hotel y comenzaron a caminar hacía su habitación por el pasillo semioscuro y estrecho, él ya no se contuvo más y mientras ella caminaba por delante, él deslizó su mano por la abertura trasera y excesiva de la falda, la tocó casi grotescamente.

-¿Ya comenzamos?-, le dijo ella, volviéndose y jalándolo hasta quedar ambos recargados en una de las paredes.

-Quiero probarte un poco, ya estoy muy caliente-, y empujo más su cadera hacía ella para que comprobara el estado de su miembro.

-Sólo una prueba-, le advirtió ella, mientras lo separaba un poco, se subía el vestido por encima de los muslos y abría las piernas.

Él inmediatamente se agachó, levantó el resto de la falda e hizo a un lado parte de la panti que cubría el sexo de ella, acercó sus labios y tras aspirar rápidamente su aroma, recorrió la vulva de arriba abajo con la lengua. Ella acompañó la maniobra hundiendo sus dedos entre el cabello de él y empujándole ligeramente la cabeza hacia la mitad de sus piernas.

-Deliciosa-, le dijo él mientras se incorporaba y retomaban el camino a la habitación.

Al entrar, ambos contuvieron el deseo que sentían y entablaron una danza llena de provocaciones sexuales y erotismo mientras disponían las cosas en su sitio y se tomaban su primera copa de vino: mientras él arreglaba la altura del tripie que sostendría la cámara, ella lo abrazaba por detrás haciendo que sintiera sus pechos hachados; mientras ella ponía música él pasaba accidentalmente por detrás haciéndole saber lo excitado que estaba no sólo por la dureza de su sexo sino por la manera en que rápida y enérgicamente pasaba sus manos sobre su vientre y le besaba el cuello.

-Recuéstate en la cama, quiero ver a que altura dejo la cámara-, le pidió él.

Sin pensarlo ella se echó en la cama y mirando a la cámara le pidió que decidiera qué gestos le gustaban más, se paseó la lengua por los labios varias veces de diferente manera cada vez, terminó llevando su dedo medio a la copa de vino y luego lo paseo por su boca; la yema del dedo recorrió el borde de sus labios y enseguida éstos lo chuparon casi todo; en señal de insinuación y deseo. Él no podía dejar de mirarla, hizo una toma de su cara y luego enfocó todo su cuerpo, sentía que la piel de todo su cuerpo se erizaba, sentía ganas de arrancarle el vestido en ese instante.

-Tengo un poco de calor-, dijo ella justo antes de sorber todo el vino que sobraba en su copa, se subió nuevamente la falda del vestido y se bajo el escote, dejando por encima de éste sus pezones evidentemente duros. Se recargó sobre sus antebrazos y echó la cabeza hacía atrás mientras encogía sus piernas para dejarle ver sus muslos desnudos, luego los abrió para dejarle ver la parte inferior del corsé.

El corazón de él latía apresuradamente, su estado de excitación lo hacía sentir casi aturdido, sin embargo, deseaba que todo comenzara como en su imaginación, casi en cámara lenta. Dejó la cámara grabando, sin dejar de observar a la chica, sorbió todo su vino, se dirigió hacía ella lentamente, la tomó de las manos y la levantó de la cama. Se sentó y la puso frente a él, como si le acomodara el vestido, repasó todas sus curvas: sus senos, la cintura, la cadera, su vientre, sus muslos. La suavidad de la tela ampliaba sus sensaciones, como si nunca la hubiera tocado desnuda, casi llegaba a la euforia imaginando cómo sería tocarla desnuda y sentir esa piel tersa, caliente y rosada que estaba mirando.

La giró hasta dejarla de espaldas, bajó el cierre del vestido y dejó que cayera. Observó y pasó su mano por la espalda, recorriendo todo el encaje del corsé, al llegar a los glúteos los apretó ligeramente, luego acercó su rostro y mordió uno.

-Creo que me va a gustar probarte de esta forma… ¿Tienes ganas de que te la meta?

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Al ponerse nuevamente de frente, los papeles se invirtieron, lo levantó de la cama y comenzó a desnudarlo lentamente, mientras lo hacía le dijo:

-Toda la semana he soñado con tenerte adentro-, le quitó la camisa y le beso el torso desnudo, siguió con el pantalón y en cuanto éste cayó al suelo, deslizó sus manos dentro de su bóxer y al mismo tiempo que lo miraba afirmó:

-Pero antes quiero chupártela hasta que te vengas-. La frase fue para ambos el interruptor de su arrebato, ella comenzó a lamer el pene fuertemente erecto de él, su lengua hizo un camino de un testículo a otro. En espiral, en zigzag, en línea recta, de todas las formas posibles.

La cámara los veía de perfil.

Las manos de él se revolvían vertiginosamente entre los senos de ella.

-Lo haces muy bien-, alcanzó a gemir él y enseguida la empujo hacía el centro de la cama, frente al lente de la cámara. De rodillas, a un costado de ella, ahora él la recorría con la boca; comenzó con los pies. Su lengua suave y húmeda acarició y succionó cada uno de los dedos, entre besos y pequeños mordiscos ascendió por sus piernas hasta llegar a la ingle, donde el corsé envolvía sensualmente el cuerpo de ella. Sin dejar de mirarla, acomodó su cuerpo ahora en diagonal a la cámara y se colocó de hincado frente a ella, entre sus muslos; sus manos extendidas se deslizaron por los costados hasta tocarle las axilas, sus dedos pasaron suavemente por la parte interna de los brazos de ella y se detuvieron en cuanto sintió las manos de ella, se entrelazaron, mientras sus rostros quedaban más cercanos. Un largo beso los unió mientras sus sexos se buscaban desesperadamente.

Por unos instantes, él la inmovilizó sujetándola de las muñecas, su nariz aspiró el aroma de su cuello y sus axilas, luego buscó entre sus pechos hasta sacarlos de corsé; estaban hinchados y rígidos de excitación.

-Ya… quítame todo, quiero sentirte… hazme gemir, gritar… mira como estoy-, suplicó ella, acercando lo más posible su pubis al de él.

Con una sonrisa triunfal él se incorporó y la desnudó con calma, su cuerpo le exigía penetrarla, sentía los músculos tensos, un ligero sudor lo empapaba, su corazón latía frenéticamente pero estaba dispuesto a controlarse.

En cuanto estuvo desnuda, la tomó de los tobillos e hizo que doblara las piernas, la vulva de ella quedó expuesta y preparada para recibirlo; se posó encima de ella y una vez más la tomó de las muñecas y se acercó a besarla.

Sentir el peso de su cuerpo y el contacto piel con piel, hizo que ella sintiera una especie de vértigo. Todo su ser imploraba por ser poseída por él, ya no importaba la manera, sólo quería disfrutar todo lo que él le producía.

El encuentro de sus sexos fue energizante, pero al mismo tiempo suave, él la miraba fijamente pero su mente por un momento se puso en blanco. La pasión desbordante que ella sentía la hizo desvanecerse unos instantes en el momento de la penetración, pero pronto algo parecido a una descarga eléctrica la llenó de energía.

Hicieron el amor colmados de arrojo, transformando su rutina en algo lleno de sensualidad.

Ella advirtió que las embestidas comenzaron a hacerse más rápidas y se apresuró a decir:

-Házmelo así, va a estar más rico-.

Y se colocó boca abajo, sobre sus rodillas y manos frente a la cámara, ofreciéndole al lente el panorama de sus senos y su cara enrojecida por el éxtasis; y a él sus glúteos redondeados y la libertad de penetrarla por atrás.

Rápidamente, él se colocó de rodillas detrás de ella, la tomó de los glúteos y tras propinarle una nalgada, le anunció:

-Te voy a hacer lo que tanto gusta-, enseguida la penetró rápida y profundamente.

Un sonoro gemido escapó de la garganta de ella.

Qué rico! ¡Más…!-, apenas alcanzaba a decir. Sin embargo, entre su exaltación dedicó unos momentos una mirada fija y retadora a la cámara que no perdía detalle, tras lo cual humedeció en su boca los dedos de una de sus manos y los llevó en medio de sus piernas.

En poco tiempo llegó para ambos una fuerte sacudida de adrenalina, un espasmo inicial les hizo gemir al unísono. Él volvió a darle una nalgada.

-No te pares, dame más-, le rogó ella.

Él la tomó con más fuerza desde los glúteos y ella sostenida ahora con ambas manos parecía balancearse hacía atrás, incitándolo a ir más dentro de sí.

Su orgasmo llegó como un estremecimiento. Sus gemidos se volvieron gritos, la explosión fue larga… mágica y visceral. Por primera vez ambos dejaron fluir todas sus sensaciones, se sentían flotar.

Cuando ambos terminaron se tendieron exhaustos sobre la cama, por un largo rato se mantuvieron callados, todavía se sentían sobresaltados. Después de unos minutos, él se levantó, apagó la cámara y volvió a llenar las copas con vino.

-Por nuestra primera escena-, dijo mientras levantaba su copa en señal de brindis, ella le correspondió alzando su copa y sonriendo.

Su excitación seguía manteniéndose, en lugar de dormir como siempre lo hacían, no podían dejar de tocarse, ni besarse; ambos derramaron pequeñas cantidades de vino en el cuerpo del otro y sorbieron de él. Por fin ella dijo:

-Propongo que la siguiente escena sea sobre el tocador-, se levantó, se dirigió al mueble, se sentó en él recargando la espalda en el cristal y subió las piernas, dejándolas abiertas.

-¿No te parece que me veo bien aquí?

Él se levantó, abrió las cortinas (estaban en un 5º piso), de la mano la llevó frente a la ventana, se colocó detrás de ella y le dijo:

-Pero después te reto a que lo hagamos aquí…

La idea de ambas opciones los calentó de nuevo y tras besarse apasionadamente, nuevamente encendieron la cámara.

 

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