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Revista Veintitantos

Me gusta que me vean en la cama

Amo que me vean en la cama

"Le lancé una sonrisa y con una gran sinfonía de gemidos lo invité a quedarse y mirar cómo mi novio me lo hacía"

23/01/2020 | Autor: Anónimo
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Desde que tenía 20 años lo descubrí. Me encantaba que las personas me vean teniendo sexo.

La primera vez que lo supe fue cuando mi novio de la universidad me penetró en un salón.

Eran las 9:00 de la noche, todo el mundo estaba en clase y mi novio y yo nos escondimos del profesor para besarnos detrás del edificio principal.

Al principio todo fue inocencia, unos cuantos besos, unas cuantas caricias en el rostro, los brazos; hasta que nuestros labios húmedos no se despegaban, las lenguas se buscaban y nuestra respiración se agitó.

 

Los labios poco a poco empezaron a buscar otra zonas de nuestro cuerpo como el cuello, y mis manos empezaron a recorrer su cuerpo por encima de la ropa hasta llegar al lugar deseado, su pene.

Noté que en pocos minutos de excitación su pene estaba tan duro y grueso. Me atreví a meter mi mano entre su pantalón y lo encontré.

Su pene era tan suave, grueso y húmedo que no me contuve en tomar algunas gotas que derramaba y meterlas a mi boca.

Verme chupar mis dedos volvió loco a mi novio, quien con la voz entrecortada, me propuso buscar un lugar más cómodo en la escuela.

Después de un par de minutos explorando el edificio encontramos un salón vacío.

Con fuerza me tomó y me metió al salón. Empezó a besarme del cuello, apretar mi vulva con mi vestido aún puesto y sobar mi clítoris con sus dedos.

Con sus labio se abrió paso hasta encontrar a mis senos. Los tomó con fuerza y después empezó a probar mis pezones con unas pequeñas chupadas que se convirtieron en mordidas.

La sensación en mis senos me hizo estallar. Sentía que tendría un orgasmo por el solo hecho de chupar mi pezón, pero mi excitación aumentó cuando él colocó su dedos en mi vagina y empezó a penetrarme.

Los dos no parábamos de gemir y de sentirnos tan excitados, así que me tomó, me colocó frente al pizarrón, bajó mi pantaleta y me penetró.

 

 

La sensación fue exquisita. Sentía cómo su pene se deslizaba entre mi vagina y mi vulva, y sus testículos golpeaban mis nalgas con gran fuerza; pero nuestra explosiva sesión de sexo fue interrumpida por un compañero que abrió la puerta.

El puso los ojos sobre nosotros y apenado trató de abandonar lugar corriendo. No lo dejé.

Le lancé una sonrisa y con una gran sinfonía de gemidos lo invité a quedarse y mirar cómo mi novio me penetraba.

La excitación que sentía era incontrolable. Mi novio me tocaba, me penetraba, mientras otro gozaba viendo lo que me hacían.

Tuve uno, dos, tres orgasmos seguidos y mi novio derramó semen por todas mis nalgas.

El otro chico se apartó de la puerta para que mi novio no lo viera y después se marchó.

Desde ese día amo que me vean teniendo sexo. 

 

 

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