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Es mejor ser mamá a los veintitantos que a los 40, según especialistas

Retrasar la maternidad tiene sus consecuencias

Es mejor ser mamá a los veintitantos que a los 40, según especialistas
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18/07/2018 | Autor: Mairem Del Río
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Cada vez es más común que las mujeres esperen hasta los 30 o 40 años para tener hijos, pero eso podría no ser lo ideal. De acuerdo a los especialistas, es mejor ser mamá cuando tienes veintitantos que después, checa por qué.

Las chicas de la generación millennial prefieren retrasar la maternidad hasta que sus condiciones de vida sean favorables. La incertidumbre o la precariedad laboral, sumada a la presión por enfocar toda su energía a una carrera profesional, hacen que dejen del lado el formar una familia. Pero quizá esa no sea la mejor estrategia si tener hijos está en su plan de vida.

 

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Según Alison Wolf, economista e investigadora de la relación entre educación y mercado de trabajo en el King’s College de Londres, es mejor tener los hijos a los veinte que a los cuarenta. 

Ella sostiene que tener los hijos antes les permitirá a las mujeres llegar más lejos y más alto que si retrasan la decisión porque, tal y como evoluciona el mercado de trabajo, es muy probable que el tiempo de maternidad y el de consolidación profesional se traslapen, es decir, que ocurran al mismo tiempo.

Sin embargo, las jóvenes millennial no consideran adelantar la maternidad a pesar de las ventajas que conlleva. A diferencia de generaciones anteriores, cuando las parejas decidían tener hijos independientemente de la situación económica, las nuevas generaciones prefieren no hacerlo si no se cumplen unas condiciones muy exigentes: consolidar su carrera, hacerse de un patrimonio, tener ahorros, etc. 

La tasa de fecundidad es menor en las mujeres con mayor nivel de estudios, y también los hombres con más formación académica retrasan la edad de la primera paternidad.

 

Un estudio de Elena Vidal-Coso y Pau Miret-Garmundi (Revista Española de Investigaciones Sociológicas, octubre 2017) muestra cómo la percepción de inseguridad laboral juega un papel determinante en las decisiones reproductivas. La mayor dedicación de las mujeres a formarse y a construir su carrera profesional aumenta el coste de oportunidad de ser madre. Es decir, que han de pagar un precio mayor en términos de oportunidades e ingresos perdidos. 

Esta combinación de factores hace que las mujeres pospongan su maternidad hasta el límite, de modo que muchas terminen fracasando o tirando la toalla, pues entre más tarde lo intentan, menos probabilidades tienen de quedar embarazadas. Al final acaban gastando más en tratamientos de fertilidad o fecundación asistida, de lo que les habría costado tener hijos a una edad temprana. 

Aunque retrasar la maternidad es una decisión muy comprensible a nivel individual, tiene terribles efectos a nivel colectivo. La caída de la natalidad está muy relacionada con la menor tasa de fecundidad y aunque afecta desde los años ochenta a toda Europa. Por ejemplo, España tiene una tasa de fecundidad de las más bajas del mundo con solo 1.3 hijos por mujer, y se clasifica como “baja entre las más bajas” (lowest-low fertility).

Mira también: 8 horribles verdades de ser mamá millennial

Lo importante es tener claro que si la maternidad es parte de nuestro plan de vida hay que evaluar bien todos los factores y tomar la mejor decisión para nuestro caso particular. 

Con información de El País.

 

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