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Revista Veintitantos

5 formas de ayudar cuando un amigo pierde a sus padres

Lo más importante, es estar ahí.

5 formas de ayudar cuando un amigo pierde a sus padres
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17/02/2017 | Autor: Mairem Del Río
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Estamos la edad en que nuestros amigos comienzan nuevas etapas, como casarse, comprar casa o tener hijos, pero también es cuando empezamos a ser testigos de uno de los momentos más dolorosos en su vida: la muerte de alguno de sus padres.

 

Si aún no has atravesado por esa amarga experiencia, es normal que no sepas muy bien qué hacer y te apegues estrictamente a las convenciones y clichés más comunes: darle el pésame, llevar comida, enviar flores o una tarjeta, rezar, acompañarlo en el funeral y decirle “si necesitas algo, estoy aquí”, hasta que lo vives entiendes que puedes hacer mucho más.

 

Desde el momento en que tu amigo se da cuenta de que no volverá a ver nunca más a una de las personas que más ama en el mundo, lo invade una ola de sentimientos confusos: dolor, frustración, miedo, ira, impotencia y otros que, a menudo, no se pueden definir.

 

 

 

 

 

Debes saber que en ese momento tu amigo se siente perdido y por más que le preguntes “¿qué necesitas?”, no sabrá qué responder, porque lo que más necesita es un abrazo de su mamá o de su papá, y eso es imposible.

 

Aunque no puedes hacer nada para aliviar su dolor y el duelo por que el que tiene que atravesar, debes estar ahí para apoyarlo y consolarlo, pero hay otras formas en las que puedes ayudarlo:

 

1. Haz algo, lo que sea

 

En las horas posteriores a la pérdida de un padre, no puedes pensar en nada, ¡en nada! Miles de ideas pasan por tu cabeza, y cuando éstas se van por un momento te invade el dolor. Incluso cuesta trabajo estar de pie o hablar. Si eres una buena amiga, no le preguntes qué necesita, sólo has algo: ayúdalo a elegir su ropa para el funeral, acompáñalo a hacer trámites o atiende a los asistentes al velorio.

 

 

 

 

 

Ten claro que tu amigo seguirá necesitando ayuda en los días o semanas posteriores, ya que no tendrá ánimo para hacer nada. Apóyalo con las tareas domésticas, lava los trastes y la ropa, cuida a sus hijos o empaca su maleta por si tiene que viajar otra cuidad. Conviértete en esa persona que llega y dice: “No te preocupes por esto, yo me encargo”.

 

2. No mandes flores

 

Sabemos que las reglas de etiqueta indican mandar un arreglo florar con una linda cinta dando el pésame, y aunque es un lindo gesto para decir “tu padre/madre fue importante para mí y lamento su partida”, en realidad no es la mejor idea.

 

 

 

 

 

Esos hermosos y carísimos arreglos de flores blancas terminan enterrados o marchitándose lentamente en la tumba. Si acaban en la casa de la familia, sólo sirven como recordatorio del vacío que dejó esa persona. También considera lo triste que es ver cómo las flores mueren y hay que tirarlas, es como vivir un segundo duelo. Donar ese dinero a la familia o alguna causa que el difunto apoyaba es una mejor idea, ¿no crees?

 

3. Aliméntalo, pero no de inmediato

 

Es muy común entre los latinos llevar comida para cualquier evento importante, y eso incluye los funerales. Si bien, los dolientes necesitan comer esos primeros días, también lo necesitarán después de una semana, cuando se calmen y asimilen lo que ha pasado, ese momento cuando el dolor se vuelve más real e incluso les parece difícil levantarse a freír un huevo.

 

 

 

 

 

Recuérdale constantemente que debe comer (a veces hasta eso se olvida), llévale un guisado con una nota que diga: “Necesitas fuerzas para hoy”. Sé la amiga que se aparece de la nada con una pizza, tres semanas después, cuando ya todos volvieron a sus asuntos.

 

4. Conoce a tu amigo

 

Si quieres honrar la pérdida de tu amigo, debes saber cómo consolarlo a él en particular: qué le gusta, qué puede animarlo o cómo ayudarlo a regresar a su vida poco a poco. Si le gusta correr motívalo a retomar el hábito después de un par de semanas, ve por él cada mañana o apúntense a un maratón.

 

 

 

 

 

Llévalo de viaje, jueguen videojuegos, cocinen, vean películas, lo que sea que pueda distraerlo por un momento. Debes saber qué es lo más importante en la vida de tu amigo y llevárselo de regreso, ayudarlo a retomar su camino.

 

5. Escucha sin juzgar

 

Todas juramos que somos esa amiga, pero en realidad estar al lado de alguien que atraviesa un duelo es muy agotador. Quejas, recuerdos, nostalgia, anécdotas, muchas lágrimas, confusión… todo brota como una cascada y tu amigo necesita que estés ahí para escuchar.

 

Llamadas a media noche porque algo le recordó a su papá o mamá, crisis nerviosas cuando tiene que realizar un trámite porque el difunto no dejó sus asuntos en orden, explosiones de ira cuando alguien se ríe de lo que sea, porque ¿cómo alguien puede estar feliz si mi padre acaba de morir? Déjalo gritar, llorar, maldecir y contarte mil veces la misma anécdota.

 

 

 

 

 

Tampoco lo juzgues si regresa a trabajar muy pronto, hace chistes en pleno funeral o sale de fiesta tres días después, cada quien procesa el dolor como puede, quizá eso le ayuda a despejarse, así que no hagas comentarios tipo: “¿Cómo puede hacer esto cuando su madre/padre acaba de morir?”.

 

No hay mejor regalo que un par de oídos para escuchar y un hombro para llorar cada vez que lo necesite, las veces que sea a la hora que sea, sin juzgar. Todos vamos a pasar por eso tarde o temprano, piensa qué te gustaría que hicieran por ti en ese momento, y hazlo.

 

 

 

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