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Veintitantos

Confesiones: “No me gusta tener sexo”

Todavía me pregunto, ¿dónde está el placer del que todos hablan?

Autor: 
Mairem Del Río
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06 Ene 2017
Categorías: 
Pasión y Sexo

Hoy en día es fácil asumir que todos disfrutan del sexo por igual sin importar su género, edad o preferencia sexual. Llevamos años hablando del derecho de cada individuo a gozar su intimidad y cada vez se rompen más tabús sexuales. Por eso nos causa cierto asombro encontrar a alguien a quien no le gusta tener sexo.

 

Ese es el caso de una chica a quien llamaremos ‘Mariana’, que a sus 26 años asegura no tener el menor interés en el sexo: “No me gusta, no lo disfruto, no lo busco. Cuando pasa, pues pasa, pero equis. Sé que es raro, que debería estar con las hormonas a todo, ligando y experimentando, pero no me interesa”, dijo.

 

Por supuesto, sólo puedes saber si algo te gusta o no después de probarlo, y Mariana no se quedó con la duda: “Mi primera vez fue a los 21 años, y eso porque empecé a salir con un chico súper lindo, nos hicimos novios y después de unos meses dije: ‘ok, vamos a hacerlo’. Para mí fue de lo más equis, no sentí mucho dolor ni placer, sólo nervios y un poco de pena. Me sentía torpe, confundida, ridícula… No me gustó”.

 

 

 

Mariana cuenta que después se presionó para seguirlo haciendo: “Siempre he leído mucho sobre sexo, y sabía que era normal no disfrutar la primera vez, así que seguí haciéndolo con mi novio, aunque no se me antojaba. Probamos posiciones, juguetes, velas, aromaterapia y lo que se te ocurra… y nada, simplemente no encontraba el placer”.

 

“Cuando terminamos pensé que quizá él era el problema, así que tuve diferentes parejas, algunas más estables y otras de una sola noche. Digo ‘parejas’ porque llegué a pensar que era lesbiana y también lo intenté con chicas, pero no funcionó”, dijo.

 

Según Mariana, llevar una vida sexual poco activa siempre la ha llevado a situaciones incómodas: “Desde la prepa me sentí fuera de lugar, mis compañeras ya hablaban de sexo como si nada. Besos, ‘fajes’, acostones, posiciones, orgasmos… Y yo con mi cara de ‘lo siento, soy virgen, no sé de qué hablas’. Y así hasta la Universidad. Aún ahora, aunque he experimentado lo suficiente, no puedo integrarme a las pláticas de sexo, me chocan”.

 

 

“Con los chavos no tengo tanta bronca, desde el principio les dejo claro que conmigo no va por ahí. La mayoría lo entiende y se van, o se quedan un rato. Otros insisten en que pueden ‘arreglar mi problemita’. Los más patanes me han llamado frígida, lesbiana, apretada, traumada y cosas peores”, asegura.

 

Mariana se ha sentido tan presionada que ha buscado ayuda de psicólogos y terapias alternativas, pero tampoco ha encontrado la respuesta: “No tengo traumas de la infancia, no he sido abusada, tengo una autoestima saludable, ni siquiera me criaron con tabúes sexuales, ¡mi mamá es hippie! Siempre me habló abiertamente de sexo y placer, me enseñó que está bien explorar mi cuerpo y todo eso, así que nadie encuentra el problema, y menos la solución”.

 

 

Al preguntarle sobre el placer en solitario se ríe y comenta: “¡Claro que me masturbo! Y veo porno y me excito, incluso he llegado al orgasmo con un vibrador, por eso sé que no soy frígida. Creo que lo que no me late es tener sexo con otra persona, prefiero mil veces agarrar mi vibrador 10 minutos que hacer todo el numerito con alguien, me da flojera”.

 

Aunque se siente un tanto frustrada y a veces se desespera, no ve un cambio a corto plazo: “Todavía me pregunto, ¿dónde está el placer del que todos hablan? Y creo que siempre me lo preguntaré. Por ahora estoy bien así, intento no presionarme, pero es difícil. Quién sabe, tal vez algún día llegue alguien con quien sí pueda gozar”, concluyó.

 

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