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Revista Veintitantos

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Otro ya ocupa tu lugar

Otro ya ocupa tu lugar

"Con ambas manos acariciaba mis bubis, jalaba de mis caderas; puso su mano en mi entre pierna e hizo a un lado mi ropa interior".

01/08/2019 | Autor: Rincón Erótico
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Hace unas semanas, después de haber pasado por una separación bastante complicada... (sí, mi fuckbody de cabecera ya tiene novia, así que, “estoy oficialmente jodida”), pensé aquella noche que él se tomó la molestia de llamarme y darme la buena/mala noticia.

Actué normal, como si no me afectara... no podía dejar de pensar quién sería el suplente, me bloqueé.

Pasaron varios días, estaba tentada a llamarle y con el pretexto de ir sólo comer, lograr que le pusiera el cuerno a su nueva novia conmigo, pero la verdad es que eso de ser fuckbody de alguien está padre, pero ser la amante ¡no, no! Me aguanté las ganas de marcarle y me aguante aún más las ganas que traía de tener sexo.

Otro ya ocupa tu lugar 2

 

Fue en un momento de desesperación que recordé a Mauro, aquel barman argentino que conocí en un antro. Él era mesero en ese entonces, actualmente se dedica a la fotografía; la verdad no me agrada del todo, hablaba muchísimo, pero es bastante guapo, razón única para mirarlo fijamente mientras habla, habla y haaabla.

Detesto su baja estatura, apenas tiene cinco centímetros más que yo, pero bueno, considerando que no lo quiero para nada serio, puedo dejarlo pasar una noche. Le escribí por Facebook, le dije que hacía mucho no nos veíamos, así que le propuse aprovechar el sushi 2x1 de todos los martes para ponernos al tanto de lo que había pasado.

Llegué yo primero, siempre soy bastante puntual, él no tardo más de 10 minutos, yo ya lo esperaba en la mesa con una naranjada natural y una más para él, sé que también le gustan; me quise mostrar un tanto detallista, sólo por ese día. Entró y enseguida lo vi, me saludó con la mano y apuro el paso hacía dónde estaba, me levante y nos dimos un fuerte abrazo, le di un beso en la mejilla, de esos que son tiernos pero sutilmente sexys, noté su cara de asombro, en ese momento supe que ya lo tenía en la palma de mi mano.

Pedimos nuestro respectivo rollo y una segunda naranjada para cada uno, platicamos bastante, de su trabajo, del mío y de sus futuros planes, mientras yo miraba discretamente al chico que estaba solo en la mesa de a lado, puedo jurar que por la cara y el tono de voz que tenía estaba discutiendo con su novia, cinco minutos después se paró de la mesa y se fue...

-¡Carajo!, dije en voz alta, Mauro me preguntó si todo estaba bien, le dije que recordé el papel que dejé en la oficina, le pedí disculpas y siguió hablando.

Cuando por fin cayó para tomar aire, aproveché para proponerle ir al Centro por unos tragos, le dije que estaría bueno caminar por ahí un rato, así servía que él tomaba fotos y me daba un curso exprés. Pagó la cuenta, nos paramos, subimos a mi coche y nos fuimos. Cerca de mi cantina favorita hay un super, su estacionamiento está enorme, bastante oscuro y apenas hay dos vigilantes, así que opte por dejar mi coche ahí y comenzar el recorrido.

Para no hacerles el cuento largo e ir directamente a lo interesante y candente de la cita, sólo les diré que después de unas 5 cerveza o más, nos levantamos, fuimos a un callejón, bastante bonito, cualquiera juraría que está en Barcelona, fue ahí donde lo tome y lo puse contra la pared, dije “es ahora o nunca”.

Lo agarré por los hombro y lo recargue sobre la barda de un edificio, su cámara quedó entre mi pecho y el suyo, comencé a besarlo, mientras una pareja ya algo mayor me miraba con asombro, vi al señor y le guiñé un ojo, sólo así dejo de mirar.

Cuando me hice para atrás, Mauro me miró sin decir nada, lo noté bastante sacado de onda, pero lo sentí muy excitado, los pantalones de un hombre no mienten; doy gracias al cielo de que ellos no puedan notar lo húmeda que se pone mi vagina en esos momentos.

Sin decir ni una sola palabra (raro en él), me tomó de la mano y me jaló hacía donde habíamos dejado el coche, entendí perfecto su invitación, caminé sin hacerme del rogar, al mismo tiempo pensaba en Leo, mi ex fuckbody, recordé aquel “piropo” que me dijo mientras acabábamos de tener sexo en la sala de su casa: “Eres la mujer que mejor sexo oral hace, ¡me mata sentir tus labios!”, sí que en cuanto nos subimos a la parte de atrás del carro, miré al rededor para asegurarme que nadie estuviera cerca, al mismo tiempo desabrochaba su pantalón color negro, el cierre estaba casi por reventar, su erección era cada vez más voluptuosa.

Cuando por fin le baje los jeans y el boxer, tomé su pene entre mis manos, lo acaricie unas tres veces, jugué con su lubricación entre mis dedos y en seguida lo introduje a mi boca, escuché un gemido, trataba de contenerse, yo aumentaba el ritmo, lo lamía de arriba a abajo y mientras lo hacía lo miraba a los ojos, lo seducía.

Muy hábilmente llevaba puesta una falda color beige y una blusa strapless que se usaba sin bra, así que lo que viene fue todavía más fácil. Mientras estaba recostado, puse sus manos sobre mis nalgas, hacía que las apretara, me acerqué a besarlo, él, otra vez, no decía nada; ningún ruido salía de sus labios, sólo podía escucharse lo agitada de su respiración, los cristales de mi carro fueron testigos, poco a poco se empañaron, el calor de nuestros cuerpos se evidenciaba ahí, era la clara demostración de lo que estaba sucediendo, debo aceptar que soy fan de ese entorno.

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Me levanté la falda y me puse sobre él, baje mi blusa y quedaron al descubierto mis pechos, fue hasta ese momento que actuó por sí solo, con ambas manos acariciaba mis bubis, jalaba de mis caderas; puso su mano en mi entre pierna e hizo a un lado mi ropa interior, tomo su pene y lo introdujo de un solo golpe, ¡grité!

Comenzó a guiarme, me indicaba el ritmo, me acariciaba el pecho, mis piernas, mi vagina, lamía sus dedos y los acercaba a mi ano, aunque nunca introdujo ninguno, sí lo estimulaba bastante bien, mi piel se erizó más de dos veces.

Me hice a un lado y lo jalé de la camisa, me recosté sobre el asiento y jale si cara a mi entre pierna, puse una pierna sobre el respaldo, la ora la dejé caer, él hizo lo propio, su lengua era igual de suave que cuando me besaba, inevitablemente me movía de arriba a abajo, le decía que quería más, que me gustaba, que quería venirme. Note que mientras con una mano separaba mis labios, con la otra se masturbaba y por cada palabra que decía aumentaba el ritmo, fue cuando supe que estaba a punto de terminar y, como yo también, lo senté en el asiento y me puse sobre él, me moví de arriba a abajo. Mauro dejó caer su cabeza sobre el respaldo y desde ese momento no volvió a abrir los ojos.

Besaba su cuello, sus orejas, mordía su pecho y jalaba su cabello, me acerqué y le susurré al oído: “es el mejor encuentro sexual que he tenido, quiero sentirte dentro muchas veces más.” Lo que siguió fue una fuerte respiración acompañada de una eyaculación que lo hizo sostenerse con fuerza de mis nalgas, sonreí. Fue tanto el placer que sentí al ver su expresión que dos movimientos más y terminé también.

Me dejé caer sobre sus hombros, nuestra respiración continuaba agitada, nos tomamos unos segundos antes de separarnos, dejamos que nuestras pulsaciones bajaran y me senté a lado de él.

Miré el reloj, habían pasado apenas 15 minutos desde que nos subimos al carro, yo habría jurado que fue cerca de una hora. La luna se veía por el quemacocos, era lo único que alumbraba el carro.

Voltee a verlo, le sonreí y él, por primera vez desde que salimos de la cantina enunció una frase: “¿Por qué no nos habíamos visto antes?”.

Fue justo después de escuchar eso que supe que mi plan había salido tal y como lo quería, tenía un nuevo fuckbody, Leo había dejado de ser una necesidad, Mauro llegó para quedarse (al menos hasta que tenga novia o yo encuentre una mejor opción).

Así fue como comenzamos a vernos con mucha más frecuencia, el plan era el mismo, cenar, tomar unos tragos e irnos a mi carro, a un hotel o su casa, lo que resultase más fácil en el momento, nos despedíamos con un beso y un abrazo, parecía que nos dábamos las gracias mutuamente. 

Unas semanas después Leo me mandó un mensaje diciéndome que había tronado con Angélica, que le gustaría verme; lo primero que hice fue soltar una carcajada, le dije que sí, que lo esperaba en el café que estaba en la esquina de mi casa. Llegó, apenas me saludó me dijo:

-¿Nos vamos a mi casa?, me pare y con todo el sabor de la venganza en mi boca:

-¿Cómo te explico, que hay otro en tu lugar?, su cara de asombro jamás la olvidaré. Seré honesta, quizá pude haber tomado de nuevo la oportunidad, pero sí, aquella vez que me llamó para decirme que no podía volverme a ver y que por fa, no le fuera a mandar mensaje o llamarle con una invitación sexual, me ardí bastante.

Sé que el rechazarlo no me da mayor placer que acostarme de nuevo con él, dejaré pasar unos días, quizá unas semanas, tiempo en el que Mauro regresará a su país.

Me pongo de pie y me aplaudo, de nuevo tengo el control.

 

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