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Fantasía cumplida

Fantasía cumplida

"Me quite y me senté sobre la caja del baño, abrí mi piernas, chupe mis dedos sin quitarle la vista de sus ojos, comencé a tocarme"

30/05/2019 | Autor: Rincón Erótico
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Puedo asegurar que a ustedes les ha pasado, sentir una tensión sexual con algún amigo o conocido o ¡quien sea! Del tipo que, lo ves y comienzas a tener fantasías con él, te imaginas en todas las posiciones, ves como te toca, acaricias su cuerpo y terminan uno sobre el otro llenos de sudor. Y esto pasa siempre, dónde quiera que lo veas. Es un deseo bastante fuerte que, honestamente, TIENES que quitártelo, es como un antojo necesario de cumplir. Eso me había estado pasando a mi, un amigo de mi amiga que hacía unos meses me presentó...

Se llama Agustín, no es el más guapo del Universo, pero su sex appeal cautiva a su paso;  tiene una personalidad que llama la atención, es divertido, bastante coqueto y excelente bailador, ¡todo en uno! Puedo decir que hicimos buena relación, platicamos por Facebook cada que podemos, nos mandamos inbox cachondos pero discretos y si llegamos a hablar por teléfono no faltan las frases provocadoras. Esto hace que la tensión crezca día a día. Nadie sabe de esto, no lo comentamos nunca y cuando nos vemos apenas y nos acercamos, no estamos seguros de lo que pueda pasar. Pero con todo y esto, llegamos al límite hace algunos días.

 

Mi semana en el trabajo fue la peor en lo que va del año, muchísimos pendiente, estrés, enojos y desvelos al por mayor, y a pesar de eso, necesitaba distraerme, olvidarme de todo y divertirme; llamé a mis amigas para irnos de antro el fin de semana, aprovechábamos para vernos, platicar y bailar rolitas poperas, esas que tanto nos gustan.

Al final el plan quedó perfecto, vería a todos aquellos que hacía mucho tiempo no lo hacía y, después de mucho tiempo, finalmente pasaría un buen rato.

Era jueves por la tarde, comencé a arreglarme, honestamente me vestí muy normal, jeans una blusita amarrada al cuello que dejaba mis hombros y parte de mi espalda descubierta, unas flats y mi cabello peinado con ondas ligeras, me veía bastante bien, debo aceptarlo. Pocas veces escojo ponerme tangas, pero por alguna razón, ese fue una de esas veces.

Invité a dos amigos, llegaron por mi puntuales; tomé mi bolsa y salí de mi casa, estaba preparada para divertirme.

Como siempre, hicimos la primera parada en el minisuper para comprar nuestras primeras cervezas, nunca faltan en el camino. Llegamos al antro, estaba un poco vacío, lo cuál nos permitió platicar un rato y ponernos al tanto de lo que nos habíamos perdido las últimas semanas.

Comenzó a llenarse el lugar, los tragos recorrían la mesa, tequila tras tequila; nos paramos a bailar, platicábamos, fotos, otro tequila y entonces... vi llegar a Agustín, voltee a ver a mi amiga “¿Lo invitaste o es casualidad?”, “Lo invité”, me dijo. No logro recordar todo lo que pensé en ese momento, honestamente, empecé asentirme bastante caliente, aún no llegaba a saludarme cuando mi vagina ya estaba húmeda, pude sentir como a poco apoco se calentaba, mis piernas se debilitaban y mi temperatura aumentaba. Puedo responsabilizar esta sensación a mi semanas de inactividad sexual, definitivamente me urgía una buena noche de sexo, esas en las que no paras por horas.

 

Finalmente, se acercó a mí; me sentía bastante mojada, temí por un momento que lo notará, pero por suerte la baja iluminación me ayudó a disimular un poco. Llevaba puesto un pantalón de vestir y una camisa color blanca, venía del trabajo. Pocas veces me gusta como se ve un hombre con traje, pero él, ¡luce perfecto! Los músculos de su espalda se marcan en la camisa, sus nalgas quedan delineadas por su pantalón y su aroma es extremadamente delicioso.

Cuando vuelvo en si, lo tengo agarrándome de la cintura y acercándose a darme un beso en la mejilla, estaba muy nerviosa y caliente, “¿estás bien?”,me preguntó como con extrañeza “te notó tensa, ¿todo bien?”, dijo.

“Sí, todo. Recordé algo de la oficina y me distraje, pero ¡qué gusto verte!” fue todo lo que se me ocurrió decir.

Pasaron varios minutos y yo no perdía el momento de acercarme a él; sé que no soy la única a la que le pasa esto, pero el alcohol me pone muy caliente, mi libido aumenta y empiezo a buscar la manera de tener sexo, sí, actúo como una bestia.

No recuerdo exactamente como pasó, pero cuando me di cuenta lo tenía abrazado a mi, nos hemos visto muy pocas veces y siempre somos bastante cariñosos, como que en el fondo, sí nos tenemos cierto cariño. De pronto, levanto la cara y lo veo a los ojos, mi corazón se aceleró, mis manos comenzaron a sudar, de manera involuntaria comencé a mojar mis labios y me acerqué más a él, hasta dejarle sentir por completo mis bubis y yo sentir su pene en mi abdomen.

Me mojaba cada vez más y más. Discretamente caminamos hacia un pasillo y sí, comenzamos a besarnos, no dijimos nada, simplemente nos miramos y de manera frenética y hasta tosca nuestros labios estaban comiéndose.

Jamás había hecho esto en un lugar tan publico, con gente viéndonos y pasando a nuestros lados, pero lo ignoré por completo, nunca me sentí intimidada, nunca volteé a mi al rededor, yo sólo pensaba en lo mojada que estaba mi tanga y las ganas que tenía te tenerlo entre mis piernas.

Tomé su mano y la metí por debajo de mi blusa mientras yo agarraba con fuerza su pene duro, caliente... no podía con las ganas quería cogerlo ahí, tirarme al suelo y ser por completo suya, chuparte cada centímetro de su pene.

 

Fue un segundo que despegué y miré a los lados, estábamos a metros del baño de hombres, sin pensarlo, ¡literal! sin pensarlo, lo tomé de la mano y lo llevé hacia dentro, no sé si había alguien, si nos vieron, no sé. No recuerdo nada más que dirigirme al baño y encerrarnos en uno. El espacio era obviamente muy pequeño, perfecto para tenerlo pegado a mi todo el tiempo.

Me senté en el escusado, le zafé el cinturón y le desabroché el pantalón, saque su pene, húmedo, pude ver como una gotita escurría, no pueden imaginarse lo mucho que se antoja cuando lo tienes entre sus manos, chupe mis labios y me lo metí a la boca, mientras él, acariciaba mis bubis, me las apretaba y yo no dejaba de chuparlo.

Lo tomé fuertemente de las nalgas y lo movía hacía adelante y hacia atrás. Me jaló del cabello y me puso de pie, desesperadamente me desabrochó el pantalón y en un sólo tirón lo bajó.

Quedo al descubierto mi tanga color azul, en cuanto me vio soltó un gemidito suave pero cachondo, quería arrancármela. Me puso de espaldas a él, me inclinó hacia el frente y subí una pierna la escusado. Hizo mi tanga a un lado, chupo sus dedos y comenzó a acariciar mi vagina, su mano estaba mojada, se empapó de mi; acariciaba mi entrepierna y me mojaba toda, las nalgas, las piernas, mi abdomen; estaba completamente embarrada de mi lubricación.

No me pregunten si entraba gente, no pensaba en nada, no ponía atención en nada más que lo que pasaba ahí, en mi entrepierna, claro.

 

Fue en esta posición que sentí su pene recorriendo mi vagina, paseándose por mi ano, golpeando suavemente mi clítoris, sin esperarlo, me penetró, en un segundo ya tenía todo su pene adentro, fue inevitable soltar un grito, así que se agachó y me tapó la boca. Estaba sujetada con fuerza a la pared, quería más, me movía adelante y hacía atrás, le dije que me nalgueara, que me hiciera todo lo que quisiera “he esperado este momento desde que te vi”, cuando le dije esto se prendió más, se movía con fuerza, en ocasiones me hacía sentir un poco de dolor, pero me gustaba. Chocábamos con todo, el espacio no está hecho para dos personas, pero nos las arreglamos.

Me quite y me senté sobre la caja del baño, abrí mi piernas, chupe mis dedos sin quitarle la vista de sus ojos, comencé a tocarme, jalé su mano a mi vagina, hice que me acariciara, que me metiera los dedos y después le indiqué que se agachara a chuparme.

Sentada ahí, con las piernas abiertas y su cara metida entre mis piernas, me sentí la mujer más perversa del mundo y me gustó. Mis ojos apenas alcanzaban a ver por encima de la puerta, no había nadie en el baño, tenía unas ganas enormes de venirme mientras me chupaba, y así fue, le dije que no se detuviera, que siguiera hasta que yo le dijera, al mismo tiempo Agustín se masturbaba, de pronto, tuve un gran orgasmo, me mojé más de lo que estaba, se quedó ahí hasta que deje de mojarme. Me recargué sobre la pared y mi cara era sólo satisfacción. Era su turno.

Me bajé de donde estaba y lo senté, me puse de espaldas, tomé su pene entre mis manos y me senté sobre él; me agarraba y apretaba las bubis con una mano, mientras con la otra jalaba de mi cabello, ¡me encanta que hagan eso!

Por mi parte, me movía de arriba hacia abajo, de manera circular, fuerte, rápido.

Agustín me tenía agarrada de la cintura cuando me dijo “Hace tiempo que quería esto, sólo que no imaginé que será en un lugar así y mucho menos que lo hicieras tan rico, quiero hacerlo de nuevo, comerte por completo, quiero tenerte más tiempo”. No le dije nada, sólo seguí moviéndome, pero yo estaba sintiendo lo mismo, quería que esto siguiera, quería tenerlo en mi cama, con mis piernas en su cadera, mordiéndome todo y, que el momento, durara más de 10 minutos.

 

Le dije que tendría un orgasmo, que quería que terminara conmigo, así que me moví rápidamente, mi cadera iba de un lado a otro, le tomé la mano y seguí, segundo después le dije que ya venía que si estaba preparado, me contestó que sí y así fue. Los dos tuvimos un intenso orgasmo el mismo tiempo, apretamos nuestras manos y soltamos un gemido, una vez más me sentía totalmente húmeda. Me dejé caer hacia él, besaba mis hombros, la nuca y acarició mis bubis.

-¡Me encantó!, dije esto y me puse de pie, acomodé mi ropa y salí a lavarme las manos, él se arreglo el traje e hizo lo mismo. Nos miramos con ganas, con ojos de deseo, pero al mismo tiempo de satisfacción.

Antes de salir lo tomé de la cara y le dije que yo también había soñado con esto, qué definitivamente lo repetiríamos. Me salí y le mandé un mensaje de texto con la dirección de mi casa, le dije que ya iba para allá. 30 minutos después, Agustín estaba tocando a mi puerta, y yo, completamente desnuda fui a abrirle.

 

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