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Revista Veintitantos

Cierra la puerta

“Hazlo, cierra la puerta y cógetelo”, me repito mentalmente mientras me tiemblan las manos y un escalofrío me recorre.
Cierra la puerta
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16/08/2018 | Autor: Regina Mora
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Es viernes y salgo de la junta habitual, me dirijo a mi cubículo con una gran cantidad de sobres que debo enviar. Camino rápido hacia el elevador, al abrirse la puertas, un hombre bien parecido llama mi atención; su estilo elegante y excéntrico revela un cuerpo firme y bien moldeado, pero al toparme con su mirada me estremezco con la densidad que reflejan sus ojos oscuros y brillantes. Mi piel se enchina al escuchar su voz. “¿La oficina de Roberto es por allá?”, me pregunta, yo afirmo con una sonrisa incierta y le señalo el lado derecho, agradece con la cabeza, una pícara mueca y un movimiento nervioso, después sigue su camino mientras yo lo sigo con la mirada.
 
Lucía me intercepta en el momento y empieza a hablar de su ex, yo trato de zafarme, pero de pronto Roberto se asoma desde su oficina y me llama: “¿Sory, puedes venir un momento por favor?”. Cuando llego, me presenta a Andrei y dice seriamente: “Quiero que lo conozcas porque él llevará la idea creativa de tu cliente”. Lo veo a los ojos y esta vez es difícil disimular mi excitación. Mi cuerpo se endurece, para entonces Roberto habla sobre salir a tomar algo después de la oficina.
 
Yo acepto, a pesar de que aún me falta enviar un sin fin de boletines que tengo pendientes a mis clientes. Al llegar al bar, Andrei se sienta a mi lado y pregunta sobre la campaña que trataremos, le doy algunos detalles y a medida que fija su mirada sobre mis ojos, empiezo a ponerme sumamente nerviosa. Tengo deseos repentinos de escapar; sin embargo, me provoca cada vez más y noto mi humedad… mi vagina palpita. Él no deja de rozar sus piernas con las mías.
 
Luego de unos cuantos tragos que aligeran el ambiente, le acerco mi escote, lo ve, aprieta los labios e intercepta mi mirada, ahora sé que también está hot por mí.
 
Los chicos de la oficina se van, dejándonos solos. Andrei, con una sonrisa traviesa, me dice sin apartar su mirada de la mía: “Me gustas”. Yo lo enfrento, desafiándolo, entonces se abalanza sobre mí con una sesión de besos que logran empaparme, mis pezones erectos duelen, mi vagina reacciona… siento las contracciones de un suave orgasmo. Tomo distancia y en un acto de cobardía corro a casa, huyo, pues estoy alterada de sólo pensar en lo que me pasaría con un tipo que provoca orgasmos con sólo besarme. Al mismo tiempo, tomo valor, quiero saberlo y lo quiero sólo para mí.
 
El fin de semana es un tormento, una lucha en la que no gana ni la razón ni mis deseos por Andrei. Estoy confundida, ya lo catalogué como un tipo ‘peligroso’ , de esos de los que después no puedes desengancharte. Sé que el lunes vendrá a la oficina y tendremos que revisar la campaña, eso me excita y perturba al mismo tiempo; así que busco el outfit ideal para causarle una buena segunda impresión y por supuesto, gustarle. Escojo unas medias con flores aterciopeladas negras, un vestido vino entallado y tacones del mismo tono; alboroto mi cabello mientras maquillo mi rostro, empoderada.
 
Al llegar al trabajo paso a la máquina de café, al preprarar el de cada mañana siento una presencia detrás de mí, es Andrei. Lo miro de reojo, sin demostrar mi interés, noto cómo mira mis piernas. Su pose erguida con las manos en los bolsillos de los pantalones hace que la temperatura suba de inmediato, pero lo que me pone high es su mirada perversa y una minúscula mueca de lado. Mueve lentamente la cabeza hasta que se encuentra con mis ojos, yo parpadeo coqueteando y sin querer le guiño el ojo; me reincorporo y voy hacia mi cubículo. Andrei no tarda en alcanzarme, toca una vez y abre la puerta asomando apenas su mirada.
 
“¿Sory, me permites un momento por favor?”, yo asiento con la cabeza y lo invito amablemente a sentarse. Entra pausado, mostrándome todos sus ángulos; entre más lo veo más tengo que disimular que me provoca. “Iniciemos con la propuesta para el cliente”, le digo en un tono imperativo y serio, ocultando mi deseo. Él se asombra un poco, pero continúa con un porte encantador y esa sonrisa donde apenas enseña los dientes que enloquece a cualquiera. Acomodada frente a él, muestro mis senos envueltos en el escote del vestido, fijo mi mirada en la suya y comienzo a explicarle los requerimientos. Claramente noto que sus ojos se desvían de vez en cuando hacia mi busto, pero vuelve a poner su atención en el brief creativo (o al menos, es lo que trata de hacer).
 
De pronto sus manos rozan mis dedos, ocasionando que sienta una ligera humedad en la vagina que no logro controlar. Me muevo en el asiento, ya no estoy pensando en la campaña... Imagino cómo le mordería los labios y succionaría su lengua, estoy distraída por su olor, su cuerpo, sólo puedo pensar en tenerlo...
 
Regreso al momento en el que estamos y noto que él sigue viendo mi escote con una expresión tímida, torciendo la boca, como si quisiera poseerlo. La tensión sexual ahora ya es mucha. De pronto llega Lucía para pedirme un póster, voy a buscarlo mientras pienso con desesperación: “Hazlo, cierra la puerta y cógetelo”. Lo hago sin pensarlo dos veces.
 
Tomo a Andrei por la espalda y le beso sensualmente la oreja, él se endereza, voltea para buscar mis labios, su aroma es muy varonil, me envuelve enloqueciendo todo mi cuerpo. Volteo y busco con mi lengua sus labios, mientras tomo asiento abrazando sus piernas con las mías. Él se asoma a mi escote, toma mi cintura, se aprieta contra mí, se zambulle entre mis boobs, hunde su cabeza en medio mientras los junta con sus dos manos; puedo ver que le fascinan. Yo me arqueo hacia atrás y libero el derecho para ofrecerle mi pezón que está erecto, él lo aatrapa con desesperación, lo succiona y lo muerde con impaciencia. Suelto un quejido y él saca una de mis bubis para succionarla sin detenerse; sus ojos se cruzan con los míos, esa mirada suya tan lujuriosa me prende muchísimo. Trato de no gemir, pero es imposible no hacerlo mientras él agarra con sus manos y sus labios mis tetas excitadas.
 
Mi vagina reconoce su pene, se mueve como si fuese independiente de mí, sabe que la prende y quiere tenerlo ya. Una corriente de energía se apodera de ella, exigiéndome abrir las piernas con muchísima desesperación. Andrei se levanta para cargarme, tomándome de las nalgas para ponerme sobre el escritorio; sube mi vestido y yo desabotono su chaleco, zafo su cinturón queriendo liberar su miembro. “No te muevas”, me dice sensualmente. Entonces siento que corta mis medias por el
centro, introduce dos dedos en mí y al sacarlos los lame. Tomo su pene, lo estimulo y lo aprieto con delicadeza de la punta, sale un poco de su líquido, el cual me llevo a la boca sin dejar de verlo a los ojos. El calor del momento es demasiado. Vuelve a lubricarse y yo vuelvo a lamerlo, se endurece cada vez más e incluso tiembla de lo caliente que está. Mientras lo estimulo con una mano, con la otra busco mi clítoris y le doy lentos masajes, subo la intensidad de ambos movimientos. Él se balancea, siente ansias por estar dentro de mí, jugueteo con su punta y ella acaricia mi clítoris, se mueve por voluntad propia, estoy empapada... lista para que lo introduzca salvajemente en mi cuerpo deseoso.
 
Andrei se apresura a tomar su miembro para conducirlo hacia mi vagina, subo mis piernas sobre sus hombros y con una brusquedad excitante, jala mi torso hacia él para embestirme. Yo gimo, muerdo mi brazo derecho para no gritar fuertemente en lo que él me penetra hasta el fondo. Luego siento cómo sólo la punta entra y lo sorprendo fijando su atención en cómo lo está haciendo… eleva la mirada haciendo muecas de placer. Uno de sus dedos busca mi ano al tiempo que grito extasiada, ya no puedo pensar en las consecuencias de los sonidos que ambos producimos. También me retuerzo, presa de un exquisito dolor, lo que conduce a un electrizante clímax, en el que todo mi cuerpo se paraliza. Todavía no termino cuando Andrei advierte: “Me voy a venir”, con la voz entrecortada, jadeante y sensual. Yo me pasmo en un estado donde no existe nada, ni él ni yo, sólo nuestro orgasmo. Tiemblo, sufro espasmos, la piel se me enchina y el sudor escurre por mi espalda lentamente. Mis pies se tuercen y hasta se me nubla la vista del extenuante placer que siento. Un rechinido nos regresa repentina y bruscamente a la realidad, se está abriendo la puerta… sospecho que es Roberto.
 
 
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