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Revista Veintitantos

Así se siente hacerlo con tu príncipe azul

Nunca olvidaré esa noche.

Así se siente hacerlo con tu príncipe azul
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19/07/2018 | Autor: Anónimo
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Ya pasaron algunos años, pero aún recuerdo la noche en la que perdí mi virginidad. 

Muchos dicen que tu primera vez no es siempre la mejor y que por los nervios y torpezas, puede dolerte. 

Pero para mí fue un sueño hecho realidad. 

Conocí a Juan en la fiesta de una amiga que teníamos en común. No voy a mentir, yo iba porque estaba de caza y buscaba un chico lindo para terminar con la etapa de soltería. Tan pronto entré a la fiesta, él se acercó a saludarme y ofrecerme algo de beber. 

Después lo volví a ver en una reunión y a las pocos semanas me invitó a la boda de un amigo. 

La noche fue mejor de lo que pude haber imaginado. Él se veía guapísimo de traje y yo me sentía muy bien con lo que llevaba puesto. 

Bailamos toda la noche y quien no nos conocía pensaba que éramos una pareja de años. 

Al final, me invitó a su casa que estaba más cerca de la fiesta y acepté. Me ofreció dormir en su cama y él en la sala. Ajá. 

Antes de ir a dormir, me invitó a ver una película en la sala, pero no terminamos ni una escena cuando empezó a besarme, primero tierno y luego con una pasión que se desbordaba. 

Sus manos empezaron a recorrer toda mi espalda y pronto bajaron hacia mi zona íntima. Sentí sus dedos buscando mi clítoris y ahí fue cuando empezó la magia. 

Entre los besos y sus manos, todas las sensaciones de mi cuerpo explotaron y cuando estaba a punto de venirme, se incorporó, me jaló y terminé sentada en sus piernas. 

Ahí me quitó la blusa, se quitó la playera y seguimos besándonos sin parar, en un abrazo en el que sentía su ardiente piel encontrarse con la mía. 

Besaba cada parte de él que se me antojaba y sentía como él temblaba de placer.

Ya sin ropa, me llevó hacia la cama y en el camino, vi su pene erecto, enorme y precioso. 

Caí en la cama y a poco sentí su pene dentro de mí. Primero suave, con movimientos lentos que acompañaba de caricias y luego más fuerte y más fuerte, hasta que grité de placer. 

No recuerdo cuánto tiempo fue, pero fue lo suficiente para que los dos nos viniéramos al mismo tiempo. Aún recuerdo que, aunque no era su primera vez, lo sentía temblando de placer. Y yo veía incrédula de que ese hombre que tanto me gustaba estuviera dentro de mí. 

 

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